La ausencia del PP en la fiesta constitucional
martes 08 de diciembre de 2009, 01:56h
Dentro de un acto festivo de carácter tradicional como es, cada 6 de diciembre, la celebración dentro del Congreso del aniversario de la actual Constitución Española, y que, transcurridos ya treinta y un años desde su promulgación, comienza a presentar, en los discursos o valoraciones de sus principales protagonistas, cierto grado de convencionalismo o de repetición, no ha dejado esta vez de llamar la atención dos hechos novedosos: por un lado, la presencia -por vez primera- del lehendakari vasco, fruto de un histórico cambio político recién producido en Euskadi, cuya trascendencia habrá de dictar el futuro inmediato; y por otro, la inexplicable ausencia de todos los dirigentes autonómicos del Partido Popular, únicamente representado por su líder nacional, Mariano Rajoy.
Al debate cíclico sobre la conveniencia de la reforma de la Carta Magna se ha sumado esta vez, por tanto, el de los posibles motivos de los mandatarios regionales populares para no acudir ayer a la Cámara Baja. A pesar de que esta mañana su secretaria general, María Dolores de Cospedal, intentaba restar importancia a la falta de representación del P.P. en el acto constitucional -y al acto en sí mismo-, a nadie se escapa las tensas relaciones existentes entre determinados barones del Partido Popular y sus desavenencias con Rajoy. Tampoco puede ignorarse la enrarecida situación de fondo ante la proximidad de la sentencia del Tribunal Constitucional que ha de dictaminar sobre el recurso de inconstitucionalidad presentado por el P.P. contra el Estatut; y la presión ejercida sobre el máximo órgano judicial por el nacionalismo catalán -encabezado por el PSC- sobre el particular. Sin embargo, la presencia tanto de Patxi López como del presidente de la Generalitat, José Montilla, hacía aún más notoria la ausencia en un acto institucional de los dirigentes populares, que prefirieron, al parecer, tomarse vacaciones.
Si bien, al margen de otra consideraciones, la celebración constitucional resulta un evento cada vez más deslucido, al que por desgaste quizá convendría efectuar una revisión, ello no justifica la deserción masiva -pues también, es preciso reconocerlo, faltaron algunos presidentes autónomos socialistas- de unos cargos públicos que, entre los diversos deberes inherentes a su ejercicio, ha de figurar el representar a sus respectivas Comunidades Autónomas el día de la Constitución. Máxime cuando, como en el caso del Partido Popular, se pretende trasmitir a la sociedad la imagen de ser el defensor principal del texto constitucional frente a los envites nacionalistas. De otra manera, la impresión que trasciende a esa misma opinión pública es que ya ni siquiera los símbolos que representan la unión de todos los españoles, sirven en la práctica para unirlos, al menos por un solo día.