El desierto de Tabernas
viernes 29 de febrero de 2008, 20:37h
En nuestra memoria y en nuestra retina conservamos sobre Almería imágenes muy diferentes. Hasta hace tres décadas, era la Almería recóndita y pobre, la Almería de la emigración, la de las Bodas de Sangre de García Lorca o la de los yermos campos de Nijar de Goytisolo. Luego empezó a ser la Almería de los cultivos bajo plástico o la Almería del turismo. Primero el de los hippies y artistas extranjeros que se instalaron en Mojacar. Después vino el turismo masivo de Aguadulce y Roquetas. Más tarde, ciertos exquisitos entusiastas de lo insólito descubrieron el Cabo de Gata, una tierra de belleza salvaje, de playas vírgenes donde la arena negra choca con el intenso azul del mar, ese paisaje yermo de cactus, chumberas y aloevera y diminutos pueblos de humilde y blanca arquitectura, donde hubo una auténtica fiebre de oro a la española.
Almería, región próspera y en crecimiento, es una y muchas, pero en todas perdura la idea de que Almería es un desierto. Una imagen que no se ajusta a la realidad, aunque entre las sierras de Filabres y de la Alhamilla se yerga uno de verdad, el único de Europa, el que con sus 280 kilómetros cuadrados se extiende en torno a Tabernas, a tan sólo 25 kilómetros de la capital.
No hablamos de un desierto de dunas sino de un ecosistema seco, de roca y matorral similar a algunos de los desiertos de Oriente Próximo, norte de África y América. Declarado Paraje Natural desde 1989 por su geomorfología y su complejo medio ecológico, es un paraje único en Europa, donde la escasez de precipitaciones, las 3000 horas de sol anuales, las altas temperaturas, han conformado un clima seco, un suelo de margas y areniscas y una consecuente desolación vegetal. La aridez del relieve ha moldeado una sucesión inhóspita de cerros desnudos con formas peculiares que se entrecruzan con las ramblas, pequeños cauces de agua que las lluvias escasas pero violentas han ido formando.
El enigmático, salvaje y fascinante desierto de Tabernas invita a la contemplación silenciosa de sus desnudas formaciones, sus piedras en carne viva, sus colinas polvorientas. Ahora, cuando huele a primavera y el sol es menos inclemente que en verano, es el momento para visitarlo, para verlo en todo su esplendor seco e inhóspito pero de belleza sobrecogedora.
El desierto de Tabernas, por su similitud con los desiertos norteamericanos, se convirtió en tierra de cine y fue utilizado de los años 50 a los 80 para rodar películas del oeste. Allí se hicieron numerosos títulos del denominado "spaghetti western", como las míticas El bueno, el feo y el malo, La Muerte tenía un precio, o Por un puñado de dólares. En Tabernas, entre la sequedad y el polvo, empezó su carrera otro mito del cine llamado Clint Eastwood. Los poblados que se construyeron entonces se han convertido hoy en parques temáticos que organizan representaciones típicas de la conquista del oeste americano: Estudios Fort Bravo, Parque Oasys y Western Leone.
En el pueblo de Tabernas son interesantes la iglesia parroquial de La Encarnación, el castillo de la época nazarí y la central de energía solar, la primera experimental de esas características que se instaló en España.
Para que la visita a Tabernas sea completa hay que catar y comprar su aceite, que los lugareños califican como el mejor del mundo. Puede que los suelos y el clima formen una conjunción tal que los olivos que se extienden en dirección a la costa en la N-340 produzcan frutos excepcionales que den razón a sus propietarios. Desde luego el aceite es maravilloso por sabor, color y aroma. En las Almazaras Los Albardinales y Castillo de Tabernas se puede adquirir toda una variedad de productos eleícolas. Ambas están en la carretera anterior, en dirección a Sorbas, otro pueblo recomendable en la zona de los Karst de yeso. Una pequeña Cuenca por su configuración de caserío colgado en los cortados sobre el río Aguas.
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Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
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