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RAJOY TUVO GROGUI A ZAPATERO PERO NO SUPO NOQUEARLE

martes 04 de marzo de 2008, 00:25h
El debate de anoche, ganado para algunos por Zapatero, para muchos más por Rajoy, para la mayoría de las encuestas por el que las paga, ha dejado claro que, salvo convulsiones de última hora, ninguno de los dos partidos obtendrá mayoría absoluta. Faltan seis días para la única encuesta verdadera: la de las urnas. Zapatero arranca albriciado por la copiosa cantidad de votos que, según denuncia el PP, ha comprado a base de dinero contante y sonante, como hacía Romero Robledo, amén las trapisonderías en el extranjero y los 250.000 nacionalizados en los últimos años. Rajoy accede a las urnas sólo ante el peligro, con escasos medios de comunicación que le apoyen y con la pesada carga sobre los hombros de ciertos errores de sus colaboradores. La torpeza de Gabriel Elorriaga en sus declaraciones a un periódico londinense llevará a las urnas a muchos socialistas que pensaban no votar.

La mediocridad presidió el conjunto del debate, aunque hubo momentos brillantes. A las intervenciones les faltó espontaneidad. Estuvieron ambos contendientes encorsetados, envarados, tensos, nerviosos. Zapatero, además, se mostró atribulado por el baño que en algunas cuestiones le daba Rajoy. Ponía la cara contrita del alumno al que van a catear.

Rajoy derrotó ampliamente a Zapatero en el primer debate, encuestas amaestradas aparte. Y, a pesar del error de embestir la muleta de Iraq, ha vuelto a vencer a su rival en el segundo envite, eficazmente moderado por Olga Viza, con realización espléndida de Navarrete y Tacho de la Calle. A pesar de eso, partirá el domingo como perdedor. Y, si gana, le ocurrirá lo mismo que a Zapatero. Sólo podrá gobernar aliándose con los partidos nacionalistas, convertidos en los árbitros de España por obra y gracia de una ley electoral disparatada.

César, al pasar el Rubicón y marchar a la conquista de Roma, pronunció una frase célebre que es traducción de un verso de Menandro: "Alea iacta est" (Suet. Caes. 32). La suerte está echada. Bueno, casi echada, tras el debate de anoche y a pesar de la victoria de Rajoy. El horizonte español parece nublarse sin demasiadas esperanzas de que los acontecimientos de los próximos días despejen el cielo borrascoso.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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