www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

España desahucia a toda una generación

María Cano
x
mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 31 de enero de 2010, 21:37h
“Los nuevos pobres de hoy en día son los jóvenes”, afirma el sociólogo francés y profesor de ciencias políticas Louis Chauvel. La “generacion mileurista”, también conocida como “generación cero” (cero trabajo, cero expectativas profesionales, cero casas, cero hijos…), o generación “ni ni” (ni estudia ni trabaja), es la más preparada de la historia, con mayor número de licenciados y diplomados, con másters, posgrados y cursos varios, con dominio de, al menos, una lengua extranjera además de la propia y todo ello sólo les permite aspirar, en la mayor parte de los casos, a sueldos que no superan los 1.000 euros al mes. Y eso, los que trabajan.

No tienen casas, ni coches, ni hijos, ni ahorros, viven con sus padres o invierten más de un tercio de sus sueldos en el alquiler de una vivienda que comparten con otros jóvenes como ellos. En definitiva, han descubierto ya que todo el esfuerzo y la dedicación que pusieron en labrarse un buen futuro, en asegurarse una estabilidad laboral a costa de mucha dedicación y sacrificios no les ha permitido tener la vida que esperaban, la que se supone que tendrían que haber tenido.

Y ahora, al perro flaco todo se le vuelven pulgas, ya les han anunciado que tendrán que trabajar más años, que no podrán prejubilarse a no ser que sean directivos y que sus pensiones, a pesar de cotizar durante toda una vida, ni siquiera están garantizadas.

No voy a afirmar que se trate de una generación perdida, pero sí desahuciada. ¿Que no se compran viviendas? Con esos sueldos, no les dan ni un trastero. ¿Que la tasa de natalidad es bajísima y si no nacen mas niños nadie pagará sus pensiones porque no habrá suficientes trabajadores el día de mañana? Sin dinero y sin casa, o ni se lo plantean o lo retrasan todo lo que pueden.

Que unos y otros lo han hecho fatal, es un hecho. Han gestado una generación frustrada y desmotivada a la que, después, han dado la espalda. Pero ni les ha preocupado antes ni parece que ocupe un hueco entre sus prioridades ahora.

Y a pesar de todo, estos jóvenes parecen haber ido encajando cada puerta cerrada como algo irremediable contra lo que no valía la pena rebelarse. Hasta ahora, ese aparente pasotismo ha permitido que las reglas del juego no cambiaran porque les echaran encima lo que les echaran, estos sufridores entrenados para serlo, para que nadie les regalara nada, ensanchaban unos centímetros sus espaldas a cada nueva paletada de tierra que caía sobre sus cabezas con una resignación pasmosa. Porque aún pensaban que su día aún estaba por llegar, que era cuestión de tiempo, que tantos miles de jóvenes preparados, competentes y deseosos de demostrarlo no podían estar equivocados. Pero ahora, su futuro es una ciénaga aún más apestosa que las cifras que arroja el INE periódicamente. No hay presente, pero tampoco hay un buen futuro para ellos.

Con este panorama, dan ganas de irse de España. Con pena y con rabia, nuestros jóvenes han empezado a mirar más allá de nuestras fronteras en busca de la tierra prometida, de la vida digna que aquí parece no estar disponible más que para unos pocos. Los jóvenes europeos trabajan menos, ganan más y concilian mucho mejor la vida laboral con la personal. ¿Exilio o condena? No falta mucho para descubrirlo.

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
1 comentarios