www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Españoles, palurdos hasta para ir al cine

miércoles 03 de febrero de 2010, 21:57h
La realidad es que los españoles, casi todos, somos bastante palurdos hasta para ir al cine. Pero como siempre, la culpa de todos los males que nos aquejan nada tiene que ver con nosotros, sino que viene del otro lado del charco, de “la pérfida Norteamérica”, que todo lo corrompe y ensucia. De modo que si esta semana el 72% de los cines en Cataluña hace huelga y deja a los espectadores en manos del DVD, en protesta por la polémica ley, en trámite de urgencia que prevé sanciones de hasta 75.000 euros para quienes incumplan la obligación de doblar la mitad de los estrenos al catalán, la culpa hay que ponerse a buscarla en Hollywood, en las distribuidoras norteamericanas que, según Puigcercós, presionan a los cines catalanes para que protesten y echen el cierre.

Menos mal que siempre nos quedará el Imperio norteamericano para responsabilizarse de las chapuzas e incongruencias que ocurren en este país. Mejor eso, que mirarnos en profundidad y reconocer que, simplemente, somos un país de extremistas y también de comodones e incultos que huimos despavoridos cuando el ocio implica algún esfuerzo. En el resto del mundo, y especialmente en nuestros vecinos europeos, las películas que llegan de Hollywood suelen verse en versión original. Desde pequeños, los franceses, los alemanes o los italianos ya saben cómo suenan de verdad sus personajes favoritos como Mickey Mouse o Spiderman. Sólo cuando se trata de idiomas poco conocidos, la gente acude a ver la versión doblada en su lengua y para las películas en inglés siempre tienen la alternativa de elegir si quieren comprobar, por ejemplo, cómo ha aprendido Morgan Freeman a hablar con el acento y la cadencia de Nelson Mandela.

En España, los actores de doblaje son fantásticos y hay que defender, sin duda, su estupendo trabajo, pero también se debería poner el acento en enseñar a los pequeños a desenvolverse en un idioma, el inglés, que sirve para abrir puertas y abolir las barreras lingüísticas. Por eso, la nueva obligación de que las películas estén dobladas al catalán y no sólo al castellano, se antoja, como la mayoría de las imposiciones nacionalistas, un elemento de lo más escuálido para seguir empobreciendo a los ciudadanos de Cataluña, que hasta ahora habían ido tranquilamente al cine sin traumatizarse porque en la cinta no se hablara en catalán.

Han tenido que venir esos políticos sectarios, retrógrados y alejados del mundo real para obligar a que sus ciudadanos se limiten cada vez más. Alternativas, sí. Imposiciones, no. Los dirigentes deberían estar para enseñar a su pueblo y contribuir a su bienestar y a que su cultura sea lo más abierta y plural posible, pero no para encerrarle dentro de fronteras cada vez más pequeñas y no dejarles salir jamás.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios