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Zapatero está bien, el resto estamos fatal

miércoles 10 de febrero de 2010, 21:37h
¿Conspiración internacional? ¿Y por qué no embrujo gitano o mal de ojo? Tiene razón Zapatero, hay momentos en la vida en los que, sea por la razón que sea, todo lo que puede salir mal, sale peor, y todo lo que por narices tendría que salir bien, simplemente no sale. Para nuestro “Presidente feliz” hacía muchos meses que el horizonte salvador tenía que llegar en forma de anhelada presidencia de turno de la Unión Europea. Un cargo de fotografía que no suele exigir compromisos ni, mucho menos, planes concretos o decisiones certeras, de esas de las que el actual gobierno huye como si supiera que no hay máxima más segura y autocomplaciente como la que reza “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”.

El inicio de 2010 era la oportunidad para dejar de lado, aún más, la aburridísima y cutre política nacional para centrarse en lo verdaderamente importante: en las conjunciones planetarias dignas de ser recordadas en los libros de historia. Se esperaban fotos y discursos para la posteridad, así como el reconocimiento, por fin, de un todo un líder de la justicia social, incansable luchador por las libertades y salvador de los parias de la Tierra, injustamente incomprendido y vapuleado en su país.

No, esto no tendría que haber salido mal. Zapatero aún no se lo explica.

Sin embargo, su equipo asesor debería haber previsto que precisamente el momento de la presidencia europea era la ocasión más oportuna para que los demás países miraran a España a través de una de esas lupas de aumento y potente luz incorporada, que traicionan hasta la piel más perfecta poniendo al descubierto, sin ningún pudor, el punto negro de la nariz o el dichoso pelo del mentón. De modo que los esperados discursos se fueron convirtiendo en complicadas respuestas a incómodas preguntas, las fotografías iban quedando reducidas a imágenes en solitario de un desconcertado Zapatero teniendo que defender su política económica, las recepciones en casa a altos mandatarios se tuvieron que cambiar por viajes relámpago de Salgado a Londres o París para pedir, por favor, por favor, un poco de árnica; y, por fin, la conjunción planetaria ha acabado por ser, ni más ni menos, que una terrible conspiración planetaria.

Y encima, con toda la prensa internacional tocando las narices. Ya decía Berlusconi hace unos meses que la culpa de sus escándalos sexuales, que le echaron de casa aunque no del gobierno, era de algunos medios extranjeros empeñados en hacerle la puñeta. Entonces, todos alzamos las cejas en un gesto de “pero que morro que tiene este tío”. Ahora, después de escuchar a José Blanco confesando, con cara de “está bien, les cuento por fin el secreto”, que los males que están sucediendo en España se deben a una oscura campaña contra el euro y, en concreto, contra nuestro país, la verdad es que a uno le cuesta decidir qué hacer con las cejas y qué gesto poner.

¿Paranoia? ¿Demagogia? ¿Insulto a la inteligencia? En psiquiatría, concretamente en el Análisis Transaccional de Eric Berne, cuando uno se empeña en asegurar eso de “Yo estoy bien, tú estás mal”, enseguida se le clasifica en la tercera posición vital, la llamada posición paranoide, para intentar remediar ese peligroso proceso de racionalización del sujeto, que un día decidió que la culpa de todos los males la tienen los otros y que, por tanto, justifica cualquier acción propia.

Pero claro, eso es en el mundo de las pastillas de colores y las sesiones de diván. En política, es tan sólo una injustificable demagogia que sigue retrasando el momento de ponerse a solucionar los problemas de verdad.


Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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