Si Cortés mata, remata
miércoles 24 de febrero de 2010, 19:46h
Toros manejables de Zalduendo, muy nobles 1º y 6º, para Pinar, Tendero y Cortés, que tomó la alternativa. 21 de febrero, Feria de Invierno en Vistalegre. Madrid.
Dos tercios de cartel manchego. O albaceteño, que no es exactamente lo mismo. Al menos en cuestiones taurinas. Los dos primeros diestros de tierra de navajas y gazpachos; el tercero, de Getafe, aunque su apellido nos trae a la memoria la dorada tradición de Corteses de Albacete. Apenas 2 años de diferencia entre los tres rubiales de pelo claro; los tres con ganas de morder el escalafón; los tres con méritos; cada cual con sus poderes.
Javier Cortés tomaba la alternativa. Y tuvo dos Zalduendos para hacer de ello un día grande. No remató porque no mató. Pinchó y descabelló. Y si no se mata, no se puede ser matador de toros. Pero dejó una estela de toreo en sus dos toros, de capote bajo resbalando en el aire en su 1º; bien compuesto, volcando la cintura, mirando al toro, con garboso remate tras las chicuelinas. Dejó buen aire en los ayudados por alto, un afán de ligar que obtuvo premio a diestra y siniestra, y un toro obediente y fijo que le rozaba la faja a paso lento, ajeno a los barrigazos de cada pase —violencia abdominal de pura ansia. Es la alternativa. Y pincha, como siempre. Al 6º —también benévolo— le enjaretó dos derechazos largos, de semicírculo y sólo hubo de ocuparse de recogerlo en los remates porque se le extraviaba la fijeza y buscaba tablas. Lo sostuvo Cortés con la muñeca izquierda y, de nuevo en la diestra, tuvo el recurso de sacarlo por detrás en un despiste: muy seguro, como si nada. Terminó desmayando en desplantes, en la firma y en la trinchera y —esta vez sí— metió la espada con confianza. Pero se lio a descabellar.
No fueron los mismos toros los de los dos manchegos. Ni tampoco eran ellos los mismos toreros de otras veces. Cuando Pinar brindó el 2º, no había ocurrido nada. En la segunda serie, tampoco. Se oía un tumulto de bostezos secos. Tras la cuarta se oyeron palmas benévolas. Acto seguido la música se arrancó sola, bajito, como avergonzada de su osadía. Pero como Pinar es tenaz, puso empeño en el 4º. Fuera de sitio, sin gracia, consiguió una serie jaleada porque el animal siguió la tela sin enganchar. Solo por eso. Y finalmente lo cogió con tres redondos en distancia corta. Dos veces. De ese color se pin tan el tedio y el deseo. Basto y tozudo. “El que resiste gana” — puso Cela como leyenda en su recién ganado escudo nobiliario.
Tendero, irregular, despistado, dejó muestras de sus secretos toreros. Mimó al 3º en el capote, midiendo la tela, la velocidad, la altura; levantando imperceptible el pitón demasiado humillado. Le dio un bello recibo por bajo en la muleta… pero luego se desentendió y transformó en reserva el ímpetu del toro. En el 5º hizo volar la tela en dos naturales. Y solo la estocada mejoró una tarde en que su espíritu andaba algo confuso.