www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Los católicos en España

Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 16 de abril de 2010, 21:59h
Hace unos días, una lectora de El Imparcial me confesaba su tristeza por el uso de la fe católica en el debate político. Para algunos, me decía, la religión es la fuente de todos los males y la Iglesia católica el enemigo a quien se debe abatir sin compasión. Para otros, seguía, el catolicismo se ha convertido en una trinchera desde la que defender sus propias posiciones o atacar las del vecino como si se tratara de ganar una batalla y no de seguir el camino de salvación que Cristo dejó trazado.

Pocas realidades humanas se mancillan tanto como el hecho religioso. De fútbol y de la fe del prójimo habla cualquiera; y a menudo lo hace sin conocimiento y - lo que es peor- sin respeto ni mesura. Sea la presencia del Islam en Europa o las declaraciones de los obispos sobre cuestiones sociales, siempre hay quien pretende expulsar lo religioso del discurso público o elevarlo a criterio de juicio inmisericorde. En este combate, sólo cabe pelear en los extremos. Los encuentros quedarán para otro momento porque ahora se trata de la confrontación. Los radicales compiten, pues, en profanaciones.

Así nos va.

Algunos reparten patentes de catolicidad como si pudieran juzgar la fe de los otros, es decir, esa fe –como se recuerda en la Eucaristía al pedir por los difuntos- que sólo Dios conoce. Otros se escandalizan porque un político de izquierdas se declare católico sin dejar su partido o porque alguien proclame ser creyente cuando es pública y notoria su vida desordenada. Hay quien propone combatir al Islam como si fuese una plaga y hay quien sigue creyendo que los judíos son culpables de la muerte de Jesús. A veces, la ignorancia es directamente proporcional al tamaño del altavoz que pueden encontrar estos nuevos inquisidores. Son implacables a la hora del juzgar a los demás –sobre todo a otros católicos- y prontos a exigir un respeto que ellos no tienen. Delibes los retrató en El hereje.

Por el otro lado, la tropa no tiene mejor aspecto. Como si la religión fuese el gran mal de nuestro tiempo, las propuestas para expulsarla de los espacios públicos van acompañadas por los colores del progresismo, esa ideología superficial tan alejada del progreso. Es más: hasta el progreso mismo llega a convertirse en un mito: deberíamos alegrarnos de que hoy vayamos a salir de las tinieblas del pasado, ese tiempo de oscuridad, para adentrarnos en la felicidad del paraíso en la tierra. Hemos llegado a la era del entretenimiento y las experiencias internas pero fugaces. Como todo vale, al final nada tiene valor. Tú mismo. El fin de la Historia es progresista, laicista, materialista, superficial, cool, (como mola en inglés, ¿eh?) y otro montón de cosas más que ustedes ya conocen si ven demasiada televisión. El vacío puede seguir así a condición de que sea entretenido.

Ahora bien, no se desesperen. Millones de seres humanos en este planeta saben que, como decía Scholem, hay un Misterio en el mundo; y millones de católicos en España viven su fe desde el sentido común, la esperanza y el respeto, que tanto falta en los extremos. Son esos católicos que se preocupan más de ser coherentes con el Evangelio que se juzgar al prójimo. Se trata de ésos que reclaman también para sí el respeto que desean para otros. Me refiero a aquellos que trabajan duro, critican con compasión y piden respeto con firmeza.
A ellos les dedico esta columna.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios