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Al Qaeda se asienta en el Magreb

martes 27 de abril de 2010, 02:34h
La expansión del terrorismo islámico por el norte del continente africano empieza a cobrar tintes preocupantes. No sólo por la peligrosidad que en sí mismo entraña, sino por las zonas donde se ubican, por lo demás sin apenas control de las autoridades locales. De ahí que el desmantelamiento por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes de una red terrorista vinculada a Al Qaeda e integrada por 24 miembros y que tenía entre sus planes atentar de forma inminente contra intereses extranjeros sea una excelente noticia. Pero al mismo tiempo, revela hasta qué punto los tentáculos del terrorismo islamista alcanzan a cualquier parte del mundo, corroborando el carácter global de su amenaza.

En este sentido, conviene recordar que sus motivaciones están íntimamente ligadas a las de los talibanes en Afganistán y Pakistán, al felizmente desactivado GIA argelino, a la insurgencia iraquí e incluso a la de ciertos grupos de piratas somalíes, que utilizan el dinero de los rescates para financiar al terrorismo islámico. Detrás, organizaciones algo más asentadas como Hizbolá en el sur del Líbano o Hamas en la franja de Gaza -y hasta podría decirse que el actual régimen iraní de Ahmadineyad- comparten tanto el fin como los medios. De ahí que no pueda ni por un momento rebajarse la guardia ante un peligro que puede acechar en cualquier rincón del planeta. Esa guardia, dicho sea de paso, no ha de ser sólo militar, sino también cívica, y ahí es donde entran las autoridades religiosas y políticas musulmanas. Ha de afrontarse de una vez por todas una concienciación colectiva de que la violencia no es ni el camino ni la solución, sino una abominación en sí misma. Occidente no es el enemigo; lo es Al Qaeda. Y ni uno solo de sus actos tiene justificación posible.
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