Al tripartito no le gusta el cine
lunes 10 de mayo de 2010, 08:15h
El régimen de libertades que se disfruta en Europa permite entre otras cosas que el espectador que acuda a ver una película pueda elegir entre una amplia oferta de títulos. No sucede lo mismo en lugares como Cuba o Venezuela, donde las autoridades deciden qué se puede ver y qué no. Es, poco más o menos, el mismo camino que han decidido seguir en Cataluña, donde se está tramitando una ley del cine que amenaza con dejar herido de muerte al sector. En base a dicha ley, la mitad de las películas extranjeras que se exhiban en las salas catalanas deberán estar subtituladas o dobladas al catalán, so pena de exponerse a fuertes sanciones económicas.
Se da la circunstancia de que en el borrador de la iniciativa que se debate estos días en el Parlament se habla muy poco de cine -teóricamente, el objeto del proyecto en cuestión- y sí en cambio de lenguas. Lenguas que, tradicionalmente, han sido siempre utilizadas por los nacionalistas como martillo pilón a la hora de demoler la convivencia. En esta ocasión, es el Partido Socialista quien hace suya la propuesta de Esquerra, sin que parezca costarle mucho; y ello a pesar de que hace años ya se opuso a estas cuotas. Eran otros tiempos, en los que sin duda predominaba más el sentido común de lo que lo hace ahora. Y sentido democrático porque mira que es fácil -y perfectamente legítimo- subvencionar e impulsar el catalán por vía positiva, en lugar de prohibir e imponer. Ya lo escribió el Presidente de este periódico: los nacionalistas, como Franco pero el revés.
Los más perjudicados serán los propietarios de salas de cine y, por ende, los espectadores catalanes. A los primeros no les quedará más remedio que aceptar el “trágala” lingüístico si no quieren ser sancionados. Claro que para ello tendrán que contar primero con una copia subtitulada o doblada al catalán y a eso no parecen estar muy dispuestas las productoras, muchas de las cuales ya han manifestado su oposición a lo que consideran un aumento de coste absurdo, desproporcionado e injusto, en la medida que son ellos quien paga ese abuso de poder. El resultado, habrá muchas películas que podrán verse en casi toda España, con la única excepción de Cataluña. Lo que nos lleva a los segundos perjudicados, los ciudadanos catalanes que están por encima de semejantes estulticias y que lo único que quieren es pasar un buen rato en el cine. Gracias al tripartito, no podrán hacerlo. En sus manos está que este tipo de tropelías se sigan cometiendo o no.