La huida hacia adelante del juez Garzón
miércoles 12 de mayo de 2010, 02:59h
Parece que el Tribunal Penal Internacional va a contar con un nuevo miembro entre sus filas. Se trata del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, que ayer martes solicitaba al Consejo General del Poder Judicial la preceptiva autorización para ir al TPI en comisión de servicios como asesor externo de la Fiscalía. De ser otro el juez y otras la circunstancias, nada de extraño habría en esta situación. Pero no es el caso. Para empezar, no es un secreto que Garzón se mueve en la Audiencia Nacional como pez en el agua. Es su medio natural, tras el fracaso cosechado en su aventura política, y en el juzgado de Instrucción número 5 ha encontrado el altavoz perfecto para proyectar su imagen mediática, además –conviene ser justos- de abrir causas difíciles e incluso peligrosas, siempre con valor, aunque en ocasiones con poco rigor. De ahí que el abandono de “su” juzgado solo puede obedecer a una combinación de razones, entre las cuales las tres causas abiertas en su contra quizá no sean ajenas.
Si el horizonte penal de Garzón estuviera más despejado, es posible que el mediático juez no se moviese de Madrid. Pero la instrucción de las causas que se siguen contra él prosigue inexorablemente y, según todos los indicios, de un modo no del todo beneficioso para sus intereses. A nadie se le escapa que un pronunciamiento judicial desfavorable daría al traste con la reputación de alguien que vive demasiado pendiente de su imagen. Lo suyo sería que Garzón esperase a que se ventilaran los procedimientos que tiene abiertos y, una vez concluidos, adoptase la decisión que considerase más oportuna, pero no antes. Haciéndolo, da a entender que se aparta para que no le suspendan; y, si le suspendiesen, significaría que el Supremo estima que hay motivos objetivos para ello. O lo que es lo mismo, que Garzón no actuó bien. Serán sólo siete meses, pero siete meses de huida. Y siete meses, en suma, durante los que la instrucción de las causas abiertas en su contra seguirá su curso. No sólo eso. “Gürtel”, las exhumaciones de la Guerra Civil y el resto de asuntos que instruye Garzón seguirán sin él. Pese a que haya quien lo dude, la administración de justicia no es personal sino institucional, y no se detiene sólo porque falte una persona.