Israel vuelve a hablar de paz
domingo 16 de mayo de 2010, 12:54h
Las declaraciones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asegurando esta pasada semana que la paz con los palestinos será imposible si no consigue negociar cara a cara con sus representantes en lugar de hacerlo a través del intermediario designado ad hoc por Estados Unidos, George Mitchell, revelan que Tel Aviv aún no ha olvidado cómo deben de hacerse las cosas. Y ello a pesar de que el proceso de paz lleva más de un año y medio estancado, coincidiendo con la incursión del Tsahal en la franja de Gaza. Tampoco le falta razón a Netanyahu cuando afirma que a la mesa de negociación ha de acudirse sin precondiciones excluyentes. Precisamente, es en un proceso negociador donde las partes han de dirimir sus diferencias y no condicionar su participación en el mismo a la retirada de éste o aquel punto. El lugar adecuado para hacerlo es en el marco de la negociación, y no antes.
Dicho lo cual, hay que tener en cuenta el esfuerzo que supone para el cuestionadísimo liderazgo de Mahmud Abbas avenirse a retornar a un diálogo con la política de asentamientos a pleno rendimiento como telón de fondo. Si Netanyahu quiere entablar conversaciones de paz con los palestinos, lo primero que tiene que hacer es dejar de torpedearlas a priori. Ello se consigue no matando al mensajero, como hizo anunciando la construcción de nuevos asentamientos en Jerusalén este coincidiendo con la visita del “número dos” estadounidense, Joe Biden, ni tampoco ninguneando a un Mahmud Abbas ya demasiado debilitado. Lo que hay en juego es mucho más que las relaciones diplomáticas entre dos países. La estabilidad en Oriente Medio trasciende de su mero ámbito geográfico. Y desde el punto de vista estrictamente doméstico, supondría para los ciudadanos israelíes una estabilidad de la que llevan privados demasiado tiempo. Que se deje Netanyahu de aventuras radicales y empiece a mirar más por el bienestar de su pueblo, como hizo Sharon en su momento con el desalojo de los colonos de Gaza. Le va la paz en ello. Nada menos.