
Todo hace indicar que el final de
Eta no es una utopía, a menos de que la política se encargue de fortalecer lo que hoy por hoy es una organización terrorista venida a menos y en su momento histórico más débil, como coinciden fuentes de la lucha antiterrorista y expertos en la materia. Ha quedado patente en los últimos tiempos que la confianza hacia el Ejecutivo de
Rodríguez Zapatero en esta materia es escasa, a tenor de las incontables acusaciones, procedentes todas ellas de
Génova 13.
Esta semana que ya se marcha, el Gobierno ha vuelto a ser culpado de negociar con los asesinos. Todo a raíz de una información del diario
El Mundo, que el pasado lunes destapó que la banda mantiene abierto un cauce de contacto con el presidente del PSE,
Jesús Eguiguren. Las reacciones políticas siguieron entonces su cauce habitual: consternación y petición de explicaciones en tono serio del
Partido Popular y desmentidos en el seno del Socialista nacional y vasco.
Sólo una de las manifestaciones llamó a poner atención en las pesquisas de
El Mundo, por encima de lo ocurrido en otras ocasiones en las que es habitual la crítica.
Antonio Basagoiti, presidente del PP en el País Vasco, instó a los socialistas a aclarar las cosas. Comúnmente, Basagoiti es el encargado de apagar fuegos que provoca Génova o, con mayor frecuencia,
Jaime Mayor Oreja. Esta vez no. La información era sólida y hacía falta saber si ese cauce abierto entre
Eta y el Gobierno no se está utilizando. En juego, acuerdos tan sensibles como el intermitente pacto antiterrorista en Madrid y el mismísimo Ejecutivo vasco, que sostienen Basagoiti y su equipo.
Para calibrar la solidez del pacto de estabilidad en el Gobierno vasco y la confianza entre los aliados, EL IMPARCIAL ha conversado con
Leopoldo Barreda, portavoz Parlamentario de los populares en la
Cámara de Vitoria. La salud de la alianza “es buena” un año después de sellarse, valora el diputado autonómico en calidad de testigo y obrador de aquella histórica rúbrica que dio lugar al primer Gobierno constitucionalista en el País Vasco. Respecto a las informaciones que aludían a un diálogo con los etarras, Barreda afirma que hablar con ellos es “revitalizarlos, por tanto incompatible con la voluntad de su derrota”. Señala que el PP pidió explicaciones y el PSE las dio, aunque, matiza, “no es cuestión de confianza, sino de que los hechos acompañen a las palabras”. Para despejar cualquier segunda lectura a esta última manifestación, subraya: “Las últimas noticias –la detención de
Mikel Kabikoitz Carrera, quinto jefe de la banda desde 2008- son excelentes noticias. Eso son hechos”.

El pasado miércoles, los periodistas
Fernando Jáuregui y Manuel Ángel Menéndez presentaron un riguroso trabajo de investigación sobre la negociación del Gobierno de Rodríguez Zapatero con Eta, titulado
El Zapaterato. La negociación: el fin de Eta. No pasó por alto en el encuentro con los autores la última parte del enunciado. El fin de Eta, afirmó el experimentado Jáuregui, está cerca si ninguna instancia da un paso en falso. Con una unidad política que, sin pruebas, algunos tratan de resquebrajar, la situación, en palabras del director de
Diario Crítico, es la de una banda “infiltrada, dividida, descabezada y sin dinero”. No sólo la política ha dado pasos en falso, recordó. Jueces, fiscales y medios de comunicación deben remar en la misma dirección y no fomentar “teorías de la conspiración” –así las llamó Jáuregui- que dan alas a un enfermo terminal. Cuando dijo estas palabras,
Soraya Sáenz de Santamaría, presente en la foto inicial, ya había abandonado el acto. Horas antes había pedido explicaciones al Gobierno por sus contactos con los terroristas.
Josep Antoni Duran i Lleida llamó esta semana a los partidos a parar en seco estos debates tan estériles para el ciudadano como perjudiciales para acabar con el terror. El portavoz de CiU en el Congreso opina que quienes proclaman que el Gobierno negocia con Eta “está intoxicando”. Entre otros, Durán aludía a
Jaime Mayor Oreja, quien no pierde ocasión para ahondar en esta cuestión. No la perdió en una última conferencia en la Universidad san Pablo CEU.
Leopoldo Barreda reconoce a este periódico que a dirigentes como Mayor Oreja le impone las mismas condiciones que al equipo de Patxi López, ya que “no hay actos de fe” en esta materia. Barreda no esquiva la respuesta: “La formulación es la misma. La verdad o la mentira la conceden los hechos”.
Desde una postura prudente, Barreda defiende que “siempre ha creído en el fin de
Eta” y reconoce que, “a pesar de los errores, hoy es posible acabar desmontando todo su entramado”. Para que esta oleada de acciones policiales y judiciales no sean en vano, insta a “no intentar adelantarse a los tiempos ni titubear, por lo que nadie debe cambiar el paso por creer que se va en el buen camino”.
En el
País Vasco, los ánimos están más calmados que en Madrid. Paradójicamente. El pacto se disolverá al primer error. Cuando se dé y si se da. Mientras, Eta cae y Madrid intenta sin éxito incendiar en
Ajuria Enea el consenso del que carece la política nacional.