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Tregua con ETA, no; entrega de las armas, sí

lunes 31 de mayo de 2010, 01:14h
Uno de los temas que se discuten ahora en España es si la organización terrorista ETA ha comunicado o no al PSE su intención de suspender sus actividades de manera definitiva y unilateral. El Partido Popular no está de acuerdo en que el Gobierno concierte acuerdos con ETA y teme que, de ser así, se le den oportunidades para acudir a los comicios de 2011. Un acuerdo que podría romper el concierto en el País Vasco que permite gobernar al gobierno socialista de Patxi López. Por su parte, tanto el ministro Pérez Rubalcaba como el portavoz del PSE, José Antonio Pastor, han desmentido que exista comunicación entre la banda terrorista y el Partido Socialista de Euskadi o posibilidad alguna de concertar un acuerdo sobre una tregua.

Sea cierto o no que haya indicios de un acuerdo, la verdad es que a los ciudadanos lo que les importa es que se acabe la violencia. Pero el cese de la violencia no pasa por la llamada “tregua”, un término ambiguo que significa una pausa, un lapso, una interrupción temporal entre dos periodos de violencia: el tiempo que ETA ha utilizado siempre para armarse, reorganizarse, financiarse y entrar en las instituciones. En suma, el aliento que necesita para continuar su guerra terrorista. Es decir, un error que no debemos volver a cometer y otra trampa en la que no debemos caer. Lo único que puede acordarse es el cese definitivo y explícito de los actos violentos, la extorsión, las amenazas, la exaltación al terrorismo, la entrega de todas las armas y la reparación a las victimas y sus familiares. Menos que eso no es aceptable.

En este momento ETA se encuentra muy debilitada, al igual que el gobierno del PSOE, pero lo único que los ciudadanos pueden permitir es el fin del grupo terrorista. La única opción posible para los etarras es la vía democrática y legal; nada fuera de la ley. En todo caso, no parece que Mayor Oreja anduviera tan descaminado. Sin embargo, al ciudadano de a pié poco le importa que el Gobierno, que está en una situación poco menos que desesperada, intente mejorar sus oportunidades electorales buscando para ello el fin de ETA. Ello es legítimo, siempre que dicho fin sea autentico y verdadero. Si éste se logra de manera cierta y verificable, con renuncia expresa a la violencia y entrega de las armas, sin treguas ni trampas, bienvenido sea, obtenga quien sea los réditos electorales. Pero, si el presidente Zapatero aceptara otra tregua-trampa, estaría perpetuando y estimulando la violencia y, por tanto, vendiendo al país por un interés electoral espurio, lo cual resulta inaceptable.
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