Marketing penitenciario en Cuba
jueves 03 de junio de 2010, 01:06h
Las reticencias del exilio cubano a la hora de valorar positivamente el traslado de seis presos de conciencia a prisiones cercanas a sus lugares de origen son perfectamente lógicas. No en vano, el régimen castrista es un experto en su particular “agit-prop” en lo que a derechos humanos se refiere. Obviamente, la situación de las seis personas trasladadas mejorará, y eso es ya de por sí una buena noticia, pero de ahí a ser optimistas en cuanto a cambios en la situación del resto media un abismo. Es público y notorio del deteriorado estado de salud de Guillermo Fariñas; lo peor es que hay muchos más como él.
La dictadura cubana se ha aprovechado siempre del trato condescendiente que le dispensa una buena parte de la izquierda europea, a la que se unen ahora algunos dirigentes latinoamericanos de la cuerda de Hugo Chávez. Pero Cuba sabe igualmente que el Viejo Continente, pese a las componendas de España, no variará su postura hacia la Isla en tanto en cuanto no haya reformas reales tendentes a la democratización de una dictadura totalitaria que dura ya más de medio siglo. De ahí que intente vender la mejora en las concisiones de los seis presos trasladados como un gesto de buena voluntad. No hay tal cosa, sino más bien una operación cosmética que le permita ganar tiempo para no se sabe muy bien qué. La situación de centenares de personas en la isla que sufren un cruel cautiverio por haberse atrevido a opinar es muy fácil de revertir; basta con que las autoridades permitan algo tan básico como la libertad de expresión. Hasta entonces, no habrá gesto alguno que tenga validez.