China y el recuerdo de Tiananmen
viernes 04 de junio de 2010, 07:53h
La retórica de las dictaduras totalitarias no suele variar demasiado. Así, es frecuente hallar similitudes en los comunicados emitidos por los portavoces de los gobiernos de Cuba y Corea del Norte, por citar sólo dos ejemplos. En cambio, el caso de China es diferente. Allí, el tono empleado por las autoridades comunistas se mueve siempre entre la creencia cierta de ser una potencia mundial y una marcada autosuficiencia. Tales eran las pautas seguidas ayer por la portavoz de la cancillería china, Jiang Yu, quien volvía a justificar la masacre de Tiananmen, 21 años después de aquellos dramáticos sucesos. No sólo eso, sino que llegaba a afirmar que el camino emprendido por China durante los últimos decenios “era el correcto”.
No se sabe si dentro de los criterios de corrección orientales cabe el hecho de que entre 500 y 3.000 personas perdieran la vida por haberse atrevido a reclamar reformas democráticas. Tampoco el que aún hoy haya en las cárceles chinas más de un millar de presos por los sucesos de Tiananmen. Pero, desde luego, no parece la mejor manera de reivindicar la “saneada” situación de unos derechos humanos cuyo incumpliendo es tan sistemático como impune a los ojos del mundo occidental.
A día de hoy, es complicado que vuelvan a repetirse los acontecimientos de la plaza de Tiananmen, ni hay que hacerse ilusiones con que China se convierta en una democracia al uso de la noche a la mañana. El enorme potencial económico y la inserción definitiva en un sistema de libre mercado del gigante asiático pueden ser el catalizador que lleve a una senda de mayor aperturismo. La libertad, concluía Kant, es indivisible y los chinos terminarán por reclamar sus derechos. Las autoridades chinas se han dado cuenta de que no se puede sostener a más de mil millones de personas con recetas de un comunismo trasnochado y caduco. Y al convertirse en la fábrica del mundo, saben que Occidente seguirá mirando hacia otro lado en lo que a derechos humanos se refiere, cuando hay tanto dinero en juego. Pero China, conviene recordarlo, sigue siendo políticamente una dictadura totalitaria donde no hay apenas libertades. Le salva su poderío, junto con el fariseísmo de gran parte de la opinión pública, que no se cansa de denunciar los excesos de países occidentales pero que calla ante uno de los países donde más se violan los derechos humanos.