Barrio de transiciones
martes 08 de junio de 2010, 21:20h
El milagro de La Casa Encendida, no sé si los milagros pueden ser institucionales, es escaparate en verde de su obra social. Es esquina de un barrio sin determinar, con tiendas de maletas que dan sus últimos coletazos y bares de letreros ingeniosos. Nada que ver con los dueños que nombraban el bar con las iniciales de los cónyuges y con suerte también del primer hijo. El resultado eran nombres imposibles, antítesis del marketing o no.
Vuelvo al barrio y a la exposición que La Casa Encendida le dedica a Luis Rosales en el centenario de su nacimiento. Rosales no es García Lorca por mil razones, la más sonada es su diferente repercusión en ventas y merchandising. Rosales vivió para contarlo, retirado en Cercedilla y así no se forja la estela del héroe. Se me aconsejó al entrar que prestara más atención a los manuscritos que a los cuadros. El aviso me sorprendió no por el contenido sino porque lo realizó el vigilante de seguridad, que se mostraba solícito con los escasos visitantes de la exposición. Su interés y su uniforme no casaban. La exposición me gustó, la foto de la cubierta del catálogo aún más y si se me permite la digresión en el tiempo, Luis Rosales se me antoja en esa foto el mejor Don Draper de Madmen. Caballeros de trajes impecables de un solo botón, pelo engominado, pómulos altos e igual altura en su circunstancia. Todos los elementos encajaban excepto la proyección del pasillo, de imágenes cedidas por RTVE, con un sonido distorsionado y ronco.
Al subir de la exposición, encontré el hall de La Casa Encendida, inundado de gente muy moderna. El concierto de Get Well Soon. Otra transición. De Luis Rosales a uno, dicen los más modernos todavía, de los posibles continuadores de Tom Waits. Merodeé. La acera de La Casa Encendida le había ganado la partida esa noche a la acera del Price, que programaba B.B. King. El Price por razones obvias, apuesta por conciertos seguros que llenen rápido la pista. La obra social sigue trabajándose al cliente potencial. Aprovecho para decir que no sé si es un alarde “vintage” pero la mayor parte de las oficinas de esta entidad presentan un aspecto caduco, pelín mortecino y con cierto tufillo a naftalina. La oficina apagada.
Adentrarse de nuevo en Lavapiés con bancos empapelados que no es metáfora, es literal - véase la calle Argumosa-, kebabs, hindúes que cierran y abren sin explicación aparente y fruterías que venden pan de pita, es otra transición a lo que es Madrid hoy. La estrategia de implantación de centros culturales en barrios al borde del borde, suele funcionar y Lavapiés da cuenta de ello. Sus mil cámaras también.
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Coordinadora de programas de la Comisión Europea
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