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¿Dónde está el Presidente Calderón?

jueves 17 de junio de 2010, 16:41h
Tiempo ha que muchos mexicanos se lo preguntan sin encontrar respuestas; políticos y analistas insisten en una reforma a las instituciones políticas sin llegar a un acuerdo, pues el problema está en las personas, no en el Estado. Los fabuladores aprovechan el Internet y hablan de alcoholismo, lo cual sería síntoma y no respuesta.

A pesar de los esfuerzos de “comunicación” para modificar la “percepción errónea” de los acontecimientos, según Calderón, se vive en un clima de ansiedad ante la erosión de la autoridad, una especie de debacle resultado de la drôle de guerre (si no fuera por el alto número de inocentes muertos) contra el narcotráfico. Más de uno vio la inaudita visita de la plana mayor del gobierno estadounidense a México (en marzo) como una llamada de atención por la ineficacia gubernamental, algo inadmisible para la seguridad de la potencia hegemónica. Para otros tuvo como objeto impedir la renuncia del presidente Calderón, ya que no faltaron los rumores acerca de su hartazgo. Esta hipótesis no es descabellada, ya que hubiera provocado un problema mayúsculo de inestabilidad en una vulnerable frontera de 3 500 kilómetros. Cualquiera que haya sido el motivo, los Estados Unidos nos están mirando más como un problema que como un socio comercial o un aliado confiable, así sea incondicional.

No faltan sus llamadas de atención incluyendo al ejército, como tampoco las decisiones impuestas: unilateralmente. El gobierno de Obama anunció, poco después de la visita de Calderón a Washington, que la ayuda al “Plan Mérida” para combatir al crimen organizado se dirigiría a luchar contra la corrupción en tribunales y policías de México, así como al respeto a los derechos humanos, en lugar de asignarse a equipo militar. A lo anterior añádese la famosa Ley de Arizona con enorme respaldo de otros estados y grupos xenófobos, amén de los incidentes fronterizos que han costado la vida a muchos mexicanos, hechos que no merecen mayor atención de las autoridades norteamericanas.

En el ámbito interno, las cosas no van mejor. Cada ministro tiene su política: el Secretario del Trabajo parece empeñado en una lucha sin cuartel contra las organizaciones sindicales, sin guardar las formas más elementales de educación y menos de serenidad que le permitieran arbitrar con autoridad moral y legitimidad los conflictos laborales. Al mismo tiempo hace cuentas alegres sobre la recuperación del empleo. Los ministros del área económica brillan por su ausencia; quizá sólo entreguen cuentas al Fondo Monetario Internacional. Los responsables de los programas sociales han sido acusados, ante la fiscalía de delitos electorales, por asignar los recursos con sesgos políticos en las entidades que celebrarán elecciones. Otras autoridades del partido en el poder promueven controversias constitucionales contra los matrimonios entre personas del mismo sexo, contra la píldora del día siguiente y contra el aborto, secuela de embarazo por violación. Siguen, naturalmente, las indicaciones de la Jerarquía eclesiástica, más preocupada por lo sexual que por lo social. A la luz del escándalo de pedofilia, en particular el caso del mexicano fundador de los Legionarios de Cristo, lo menos que se puede pedir a la Jerarquía es un poco de recato.

Cómo andarán las cosas que los dueños de los dos principales consorcios de televisión, siempre en pugna, se hayan unido para lanzar la “Iniciativa México”, con el fin de “contribuir a rescatar y exaltar al México dinámico y emprendedor y detonar una reflexión profunda para construir un mejor país”. Los patrocinadores olvidan que no son hijos del esfuerzo, sino herederos. Por consiguiente, no extraña que sea una convocatoria elitista que sólo preparará proyectos elitistas y, en el mejor de los casos, asistenciales. Nada que hable de distribución del ingreso y de oportunidades.

El abismo social no deja de crecer, al igual que la falta de esperanza. Así lo manifiesta el culto a “La santa muerte”, surgido hace algunos años, que se extiende a pesar de las condenas del clero católico. Significativa es la oración de sus fieles: “Santísima muerte creo en ti porque sé que eres justa, lo mismo te llevas a un rico que a un pobre.” La adhesión en periodos de crisis a nuevos dioses y mitos, ajenos a los tradicionales, es tan vieja como el mundo. La ansiedad causada por el vacío de poder afecta a todos los grupos sociales, aunque unos confíen en la utopía y otros se refugien en la superstición.

¿Dónde está el presidente? En cualquier lugar aunque siempre ausente. El día de su salida a Sudáfrica hubo 41 “narcobloqueos” en las calles de la ciudad de Monterrey, importante centro industrial, por la detención de un líder del crimen organizado, y cuando disfrutaba del encuentro de fútbol, tuvo lugar la jornada más sangrienta de su gobierno: 85 muertos. En torno a las ausencias del presidente, un legislador comentó: es igual si está en México o en el extranjero.
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