Rusia utiliza el gas como chantaje
martes 22 de junio de 2010, 00:14h
Cuando los principales líderes del planeta hablan de invertir en energías renovables -eólica, solar o biocombustibles, por citar las más representativas- hay algo más que un mero interés por preservar el medio ambiente. Se trata sobre todo de evitar una dependencia de las fuentes energéticas tradicionales, petróleo y gas fundamentalmente. Aparte del coste económico y ecológico -más el petróleo-, está el tema de su procedencia, así como de la posterior logística. Los países productores de crudo en el mundo no se distinguen precisamente por su estabilidad ni por sus fundamentos democráticos, por lo que depender de ellos en algo tan sensible como las fuentes energéticas es cuando menos arriesgado. A menor escala, sucede algo parecido con el gas; si no, que se lo digan a los países centroeuropeos cuyo suministro gasista proviene de Rusia.
Vladimir Putin ya extorsionó no hace mucho a bielorrusos y ucranianos cortándoles el suministro de gas. La historia se repite, esta vez con Bielorrusia como protagonista y con el abuso del monopolio de gas ruso como telón de fondo. Más allá de incumplimientos contractuales o interpretación de cláusulas más o menos leoninas, está el enorme perjuicio que se le puede ocasionar a los países que dependen del gas de Gazprom -el gigante ruso que ostenta el monopolio gasista-. Rusia es una gran potencia mundial, y en este asunto tiene además todas las de ganar, dado que es la propietaria del gas. Pero precisamente por todo ello lo que se le debe de exigir es que actúe con un mínimo de responsabilidad y deje de utilizar recursos naturales básicos como arma de presión comercial o política.