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Llanto por la Constitución

jueves 01 de julio de 2010, 19:26h
De un jurista, metido a comentarista, se espera, probablemente, que no desaproveche la ocasión para una reflexión de urgencia sobre la defraudante (para todos, aunque para algunas con la boca pequeña y media sonrisa) sentencia del Tribunal Constitucional emiliano. Sólo conocemos el fallo pues están fabricando los razonamientos, con lo que aún habremos de volver, muy a nuestro pesar, sobre la malhumorada sentencia del órgano que cabría pensar que ha abandonado su posición de supremo garante de la Constitución.

En espera de sus fundamentos jurídicos, por el momento únicamente podemos anunciar que el Tribunal Constitucional emiliano ha dejado embalsamada la Norma Suprema envuelta con vendas enlutadas. La funeraria está avisada y en plena labor de confección de las levitas negras que, al modo de amigos y deudos del Conde de Orgaz, presidirán, serios e hirsutos, su entierro. Se ha cumplido la profecía de Jefferson casi a la perfección y a punto de cumplir una generación -que el cofundador de los Estados Unidos fijaba en treinta y tres años- ha agotado (o la han hecho agotar, mejor dicho) su virtualidad sin perjuicio de que permanezca algún tiempo como elemento ornamental, como una bolita estrellada del árbol de Navidad. Los enterradores pasearán sus penas por el purgatorio carbonífero en el que se abrasan millones de libros que fueron y en los que bebieron y bebimos algunos crédulos en conceptos, principios y valores que han pasado a ser historia.

El único espacio para el optimismo es la sustitución de la interna por la constitución europea, pues si hemos de seguir las instrucciones económico-financieras de la Unión ¿por qué no refrendamos también la sujeción a la Constitución continental situada bajo la guardia y custodia del Tribunal de Justicia europeo?

No declino el verbo “alentar el catastrofismo” sino que me desangro en la desesperanza de lo que pudo ser y se han cargado. Dicen en las encuestas que para más del 60 por 100 de los españoles la justicia funciona mal o muy mal y más del 50 por 100 de la población pone en duda la imparcialidad e independencia de los tribunales. Por el Tribunal Constitucional emiliano los encuestadores no preguntan. La grave quiebra institucional abierta con el juego de ponencias y contraponencias, mayorías de saldo y minorías engañadas nos ha dejado sin aliento y descreídos. Presiones, bloques, indecisos, mutantes, interpretaciones y reinterpretaciones, manejos y entretejidos, mundo subterráneo y patadas en la espinilla. ¡Un espectáculo!. En él todo vale; sólo nos quedará en nuestra retina el sobrio y sobrecogedor cuadro de El Greco.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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