El patrimonio cultural italiano en venta
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 25 de julio de 2010, 11:37h
Italia cuenta con uno de los patrimonios culturales más vasto del mundo: según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre el 60 y 70% de los bienes culturales mundiales se encuentran en su territorio, aunque en septiembre de 2008 en una rueda de prensa en Londres, Berlusconi, con su síndrome megalómano y su costumbre a mentir, hablaba de cifras fantasmagóricas. El llamado “Bel paese” cuenta con 6 millones de bienes catalogados como obras de artes, ciudades enteras forman parte del patrimonio de la Humanidad, paisajes maravillosos: en 2009, Italia contaba con el mayor número de sitios (44) catalogados como “Patrimonio Cultural de la Humanidad”. Sin embargo, algunos lugares podrían dejar de serlo debido al escaso cuidado prestado al patrimonio cultural nacional.
La grandeza del patrimonio nacional depende no sólo de la cantidad sino de la calidad del mismo y de la posibilidad del uso in situ del mismo patrimonio (iglesias, palacios, estatuas) que se armonizan con el paisaje. De hecho, en realidad, en Italia, los museos contienen una “pequeña” parte del patrimonio artístico nacional ya que su plurisecular riqueza y civilización se encuentra en las calles de sus ciudades y en las campañas, a cielo abierto. Merece la pena remarcar la “pública utilidad” del patrimonio cultural, como bien de todos. El arte, la cultura, la historia de Italia representan un bien público y de uso público: ya en 1909 entró en vigor una ley que establecía la preeminencia del público interés sobre la propiedad privada, estableciendo la imposibilidad de alienar “los bienes muebles e inmuebles que tengan interés histórico, arqueológico, paleontológico o artístico”.
Sin embargo, hoy en día, el Gobierno Berlusconi demuestra una vez más “tener la memoria corta” y ha decidido delegar sus funciones en materia de tutela y valorización del patrimonio artístico nacional, pensando en ceder a las comunas y regiones parte de los recursos naturales del país y de sus bienes culturales, para que luego puedan ser vendidos a privados. Italia parece dispuesta a vender varios inmuebles (9.000 aproximadamente, como el famoso Palazzo dei Normanni de Palermo o el castillo de Vigevano, cerca de Milán); playas, lagos y pequeñas islas paradisíacas de la Costa Esmeralda, del Adriático, en el Tirreno (como la isla de Santo Stefano, con su cárcel borbónica donde estuvo preso el ex presidente Sandro Pertini, un sitio de lo más simbólico para la resistencia italiana: se baraja la posibilidad de convertirla en un megahotel de lujo); manantiales e incluso parte de las Dolomitas, la espectacular cadena montañosa del Sudtirol italiano, en el nordeste del país; monumentos históricos, obras de arquitectura y del arte italiano: todo a la venta. No importa que se trate de bienes universales, de inmenso valor, que deberían ser cuidados y celosamente custodiados por el Estado. No, serán los privados quienes decidirán su uso, la posibilidad de disfrutar o de visitarlos. Una decisión discutible que lleva a muchos a afirmar que “Italia se desprenderá de su patrimonio cultural por la crisis”. La norma, aprobada en mayo, se ha definido como medida de “federalismo demanial” (literalmente “federalismo de las posesiones públicas”), aunque creo que sería más oportuno definirlo demencial, tratándose de la venta a privados de “pedazos de Italia”.
A la luz de la historia de Italia, la idea de privatizar su patrimonio cultural o de poner en venta parte de sus monumentos parece absurda. El peligro de que detrás de esta alienación de bienes se esconda una nueva especulación edilicia e inmobiliaria resulta real: el gobierno favorece un vaciamiento y un desmantelamiento del Estado sólo para hacer caja. La renuncia a la idea de bien público y la puesta en venta de nuestra historia me genera tristeza mientras una pregunta me atormenta: de tanto vender, ¿Italia no se convertirá en un Estado sin territorio? Ya, y si todos los bienes en venta van a pertenecer al mismo privado, al más rico y potente, ¿cambiaremos forma de Gobierno y le nombraremos Silvio I de Arcore?
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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