Parias de la decoración
lunes 26 de julio de 2010, 21:01h
No tuve ocasión de ver “Compré una pala en Ikea para cavar mi propia tumba”, obra teatral de Rodrigo García pero cualquiera que haya transitado más de una hora por el establecimiento de marras, hará suyo el título. Somos parias de la decoración que deambulan por un senderito marcado ¡ojo con salirse! y que visitan casitas de muñecas gigantes, eso sí, con precio y colorines, que parece menos precio y más menosprecio. No intente tener una casa más grande, aprenda a meter todo en 40 m2. No sé si interpretarlo como un lema franciscano, como una antítesis de todo intento de progresión social o como qué.
El negocio está muy bien visto: producción masiva de muebles con estilo. Antes, la producción masiva sólo elaboraba muebles de garaje y la brecha con tu salón era insondable. Salvada. Producción industrial de artículos particulares. Resultado: aprendemos metonimias en sueco (ya no tienes una estantería blanca, sino una…..) y si te despiertas sobresaltado durmiendo en un sofá tal vez tardes diez minutos en saber dónde estás porque todos tus amigos tienen el mismo salón.
Hablo con conocimiento (aparente) de causa. He transitado, he apuntado, he medido, he buscado, cargado y pagado y vuelta a cargar y a montar y tengo cien mil llaves en forma de ese en el maletín de las herramientas. No sé si tengo más hartazgo que llaves. El caso es que detecto una más que preocupante tendencia a la ñoñez en este establecimiento: colorines por doquier, anuncios extremadamente melosos, numeritos redondeados…. y eso encubre un país de cierto oscurantismo espiritual y solar. Digo yo que no hace falta que la casa parezca una escuela infantil porque o bien los adultos que viven en ella tienen un desarreglo emocional o bien los niños han ganado la partida antes de tiempo.
Vaya por delante que no tengo ninguna inquina personal contra la tienda sueca. La tengo contra un modelo único de decoración, contra un modelo único de vestimenta y de alimentación. La aparente diversidad encubre una uniformidad basada en abaratamiento de costes, en la rotación de tus compras – total, por lo que cuesta, ya me compraré treinta y siete más cuando se rompa -. El éxito de la transición del modelo estacional al de vuelva catorce veces al año, que siempre tendremos cosas nuevas: renovación de alfombras que no de espíritu.
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Coordinadora de programas de la Comisión Europea
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