El pasado y la razón
jueves 29 de julio de 2010, 21:31h
Actualizado el: 05 de septiembre de 2014, 21:30h
La otra noche la bella entre las bellas Sophie Marceau presentaba en el teledriario francés su última película (“L’âge de raison”). Con su mirada dulce, sensual e infantil al mismo tiempo, confesaba al presentador que de niña le hubiese gustado ser conductora de camiones. La película trata de eso, de los sueños que tenemos en la infancia y de cómo se transforman en la edad adulta, a través la historia de una mujer (Sophie Marceau) que por derroteros del guión inicia un viaje al pasado.
Las redes sociales, un fenomeno reciente que dará mucho que estudiar a psicólogos, sociólogos e historiadores en los años a venir, constituyen el anzuelo perfecto para repescar nuestro pasado. Lo peor (o lo mejor, depende del caso) es que a menudo lo hacen de forma involuntaria, como quien pesca una bota desparejada olvidada entre las rocas por el oleaje y las mareas. Andaba por aquí y me encontré con… compañeros del colegio, del instituto o de la facultad, ex-novios, colegas de mi primer trabajo, del segundo, ex-jefes, primos lejanos, amigos de amigos… ¿Quién ha dicho que la curiosidad es malsana ? Para cualquier ser sociable lo normal es sentir curiosidad y preguntarse quiénes son hoy estos ‘antiguos conocidos’ después de tantos años; ¿han cambiado ?, ¿siguen siendo como yo los recuerdo ?. Esta curiosidad mutua hace que luego, como Sophie Marceau en la película, nosotros mismos tengamos que hacernos preguntas difíciles de contestar desde el presente. Nuestro presente es, en la mayoria de los casos, una vida que fluye (más o menos tranquilamente, más o menos confortablemente, con más o menos achaques de salud o del bolsillo) y en la que simplemente no hay tiempo ni ganas de hacerse preguntas como : ‘cómo era yo’, ‘qué quería yo entonces’, ‘qué decían de mí’, ‘qué me gustaba o qué me preocupaba’. Alguien del pasado hace poco me preguntó ‘¿sigues escribiendo?’ y me conmovió que me recordase por esa faceta de jovencita con veleidades literarias, (las cuales, por otros derroteros de mi historia personal, dejé de lado para dedicarme a otras cosas _ahora me pregunto si eso fue un error y como penitencia me obligo a escribir esta columna para ustedes_). Me parece una estupenda medicina para la memoria y para el corazón retomar contacto con el pasado, con gente que nos conoció a los quince o a los veinte años, en la edad de la inocencia, de los sueños y de la ilusión. Entre ellos habrá quienes nos quisieron un poco, a los que conmovimos sin duda, alguien a quién dejamos algo (un regalo, una promesa, secretos, risas…). Yo le diría a Sophie, bella entre las bellas Sophie Marceau, que no es tarde para subirse a un camión.
Me gustaría verte en el próximo festival de Cannes atravesando la croissette con uno de dieciséis neumáticos, rojo-fuego y tocando el klaxon hasta rompernos los timpanos, al mejor estilo de Sam Peckinpah. Los sueños pueden hacerse realidad y las películas deben tener un final feliz.
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Periodista
PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.
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