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¿Tregua o abandono de las armas?

domingo 05 de septiembre de 2010, 10:27h
No falla. Cada vez que el mundo de ETA se ve acorralado, pide árnica. Y ni una sola vez en sus largas décadas de oprobio y muerte, las treguas invocadas por la banda terrorista han servido para otra cosa que no sea rearmarse y tomar aliento. De ahí que la petición de Batasuna y EA de que ETA decrete una tregua tiene como único factor novedoso el que, en esta ocasión, Eusko Alkartasuna “sale del armario” de los presuntos nacionalistas moderados para realizar una petición conjunta con el entorno terrorista.

Según el diccionario de la RAE, por “tregua” se entiende “toda suspensión de armas, cesación de hostilidades, hecha por determinado tiempo”. Es en éste último aspecto donde radica el quid de la cuestión: la temporalidad. Una tregua implica descanso con solución de continuidad; y eso es totalmente inaceptable. Por más que la izquierda abertzale apele a una presunta “tregua permanente” –una contradicción en términos reveladora- lo único que procede es una disolución en firme de la banda armada, abandono de toda violencia, entrega de las armas y, por otra parte, una condena sin paliativos del nacionalismo en su conjunto, tanto el radical como el presuntamente moderado, de los métodos violentos y objetivos totalitarios de la banda.

Contra ETA no caben más componendas que la acción de la justicia, por más que los paños calientes nacionalistas llevaran a Zapatero al error de pensar que podía alcanzarse una solución dialogada. Falso. El diálogo puede –y debe- iniciarse tras la renuncia a la lucha armada. La política democrática es incompatible con la violencia. La realidad es que la organización terrorista ha tenido tiempo de sobra para abandonar las armas y defender lo que estime oportuno en las urnas, que es como se hacen las cosas en democracia. No ha sido así. Cada vez que hay elecciones en el horizonte, los terroristas buscan obtener su cuota de representación institucional -y por ende, acceder a jugosas subvenciones y disponer de información sobre potenciales objetivos-. Y no olvidemos que, de no aprobarse los Presupuestos, la posibilidad de adelantar las elecciones generales sería algo más que un rumor. De ahí que sea imprescindible no volver a caer en más trampas dialécticas y exigir al entorno de ETA que tome su único camino posible: su disolución definitiva.
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