Programa, programa, programa
Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 16 de marzo de 2008, 18:18h
Desde el ingreso de Berlusconi en la escena política nacional, el concepto de democracia ha sufrido un cambio, tanto que hoy en día se habla de democracia personalizada y mediática. El uso de los medios de comunicación resulta dominante mucho más que cualquier propuesta de reforma, como la presencia escénica más que el contenido de los programas políticos. Las apariciones televisivas son cuidadosamente preparadas: su peso es mayor que cualquier mitin. Los objetivos de los actores políticos italianos es convencer a “la sociedad media italiana a través de los medios”. En ausencia de programas políticos claros, el intento de “personalizar” la carrera es evidente, de reducirla a la preferencia entre uno u otro. Los medios de comunicación favorecen la polarización del enfrentamiento: debates y portadas de los periódicos intentan crear un sistema presidencial al estilo norteamericano. El protagonismo ofrecido a los dos líderes anuncia una competición bipersonal, donde los partidos se convierten en “medios necesarios” desprovistos de su contenido ideológico, en simples agrupaciones compartiendo los mismos intereses: declararse partidarios de valores como la libertad, la justicia o el bienestar socio-económico resulta tan amplio como redundante. Las agendas políticas resultan especulares y los programas todavía más: se copian y se limitan a tratar “temas impactantes” dejando arrinconados problemas fundamentales para Italia, convirtiéndose en instrumentos “atrapa-votos”. Los políticos saben que el voto no viene determinado por la “adhesión programática”: los indecisos terminan decidiendo sobre una base emocional más que racional, sobre la confianza o la actitud poseída durante los debates televisivos.
Los electores italianos se mueven confusamente dentro de un panorama político que ofrece productos nuevos pero afines: la respuesta al sentimiento antipolítico no puede ser el vaciamiento de los ideales políticos, su extrema simplificación. Los males actuales son la invitación al voto útil, el desinterés por la alta tasa de abstencionismo, una campaña electoral al estilo mayoritario mientras la oferta política y, sobre todo el sistema electoral, son de tipo proporcional. Pobre Italia, la política de la cercanía o del “buen humor” se sitúa tan lejos de las ideologías y tan cerca de lo grotesco.
|
Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
|
adonofriohotmailcom/9/9/17
|