Carta de Negocios Políticos a Juan José Solozábal
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 15 de septiembre de 2010, 15:05h
Suelo leer con satisfacción los comentarios y crónicas que el profesor Solozábal realiza. Muestra en general de buen sentido, toque de humor, inteligencia y bastante sabiduría académica, es fácil apuntarse siempre a su lectura y, en bastantes ocasiones coincidir con su opinión.
Pero no es esta la ocasión, a propósito de su “demasiado – ingenuo – optimista” examen del fin de ETA y sus consecuencias.
Da la impresión de que Juan José Solozabal piensa que si la maldita banda asesina desaparece, con su extinción se arreglan “icto oculi” todos los defectos que la democracia tiene en el País Vasco; algo así como una varita mágica que una vez agitada, con el fulgor de su movimiento acaba con todos los vicios y lacras que en las añejas tierras de Vizcaínos (El Quijote dixit).
Dudo mucho que esto sea así, y desde luego, en ningún caso de inmediato. No habrá una secuencia en la que como un engarce preciso y directo, el ocaso de los bestias suponga el alba de los ángeles. No. La situación es mucho más compleja. Y es una realidad en la que han confluido, durante decenios, toda clase de intereses, aventureros unos y astutos otros. Intereses que impiden que la eliminación del espantajo deje de continuar provocando la anamorfosis en que hace ya mucho tiempo se vive allí. Hay que ir con una perspectiva realmente curva, agachada, deforme, para intentar comprender mucho de lo que está pasando en el ámbito profundo del País Vasco, como consecuencia no solamente de la ETA sino de sus acólitos, mariachis y monaguillos. Son y han sido muchos los compinches de esta barbarie, encubridores, cómplices y toda clase de gentuza deformadora que ha retorcido las conciencias mediante su ablandamiento y amenazas, hasta hacer cobardes y sin coraje a buena parte de una población que no puede, literalmente, expresar sus ideas. Y esto es bastante más profundo, hoy por hoy, que la mera desaparición de la cúspide del terror.
Creo que el diagnóstico del profesor Solozábal puede ser muy atinado en las tres ciudades liberales, Bilbao, San Sebastián y Vitoria (por este orden en cuanto a liberalismo). Pero falta muchísimo para que en pueblos, caseríos y villorrios de toda clase, esta calaña esté en condiciones de disputar serenamente en unas elecciones sin el arma de la coacción, la amenaza y la intimidación. ¿De verdad crees, admirado Juanjo, que en tantos y tantos pueblos va a poder constituirse el Partido Popular o UPyD, poner la bandera española y retornar tranquilamente a casa sin escoltas ni problemas? ¿Piensas que con naturalidad vamos a poder, pongamos tú y yo, almorzar en tantos y tantos pueblos diciendo con tranquilidad lo que pensamos sin tener que mirar por encima del hombro por si alguien nos oye? ¿Te imaginas en un mitin de algún puerto o aldea gritar ¡Viva España!, sin que nos rompan la cara cuatro desalmados mientras las gentes miran impúdicamente a otro lado?
Allí, de momento, lo único libre es el miedo. Hay que ir a los pueblos, donde los facciosos dominan – aunque no predominan – para entender que solamente con paciencia, esfuerzo, sacrificio y mucho trabajo, se conseguiría cambiar un poco las cosas. Y eso, desde luego, llevará tiempo.
No te olvides que las rentas políticas de la situación conflictiva han beneficiado a más de uno, no solamente a las bestias. Y que de ese entourage siguen mamando facciosos de todo linaje, y no solo los que también aparentan lo que son.
Si ETA se extingue y lo hace de una manera realmente ridícula, poniendo en solfa cincuenta años de terror, desde luego comenzará ese movimiento hacia la independencia… personal de todos y cada uno de los ciudadanos, tanto de aquella parte de España como del resto. Y será bueno. Y poco a poco comenzará un proceso en el que cada acto será consecuencia del anterior y causa eficiente del siguiente, en camino directo hacia el coraje, la personalidad, la integridad.
Pero está por ver que las bestias tengan prevista esa forma de auto aniquilación. Intentarán salvar los trastos y llevarse algún triunfo. Con lo cual, si se diera esa situación – y no sería improbable si el interlocutor tiene prisa y es liviano, sin principios y fútil, haciendo de la frivolidad y sin sustancia su manera de proceder – entonces ¡vamos arreglados! La cosa se pondrá mucho peor y desde luego, ni siquiera en esas tres ciudades habrá la libertad mínima para ser también libre, y actuar en consecuencia, sin miedos, sin tapujos, con franqueza.
En fin, querido Juanjosé, no suelo realizar estos análisis y más bien me quedo normalmente en los más sosos aspectos jurídicos de los asuntos que en EL IMPARCIAL suelo realizar. Pero no he podido resistirme, ya que tu buena pluma, invita a la reflexión y en esta ocasión, también, a una pequeña polémica.
Con un abrazo de tu compañero
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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