Todo cambió en la literatura universal cuando el realismo mágico de los autores latinoamericanos retrató de una manera onírica aquellas sociedades maltratadas por las dictaduras de los años 60 en Sudamérica. Mario Vargas Llosa, recién galardonado con el Nobel de Literatura, fue uno de los artífices de este hito en la escritura como también Julio Cortázar, Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez o Alejo Carpentier. Se les conoció, y así se les llama aún, los autores del boom latinoamericano, una corriente literaria que retrató en sus relatos una América que no existía, una América invisible, un mundo, en definitiva, maravilloso.
Escribieron sobre las gentes, las costumbres, los gobiernos y la corrupción de sus países. Jóvenes, preparados y excitados por las ansias de cambio, los autores del
boom latinoamericano sentaron un precedente en la literatura universal. Sus libros, de marcada tendencia surrealista, de complejísima técnica y cuidado lenguaje han sido objeto de estudio e inspiración para los escritores que les precedieron.
Los años 60 y 70 fueron testigos de la publicación de una gran cantidad de títulos en Sudamérica. Surgieron escritores de renombre en Chile, José Donoso y Jorge Edwards; en Argentina, Jorge Luis Borges,
Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Manuel Puig y Adolfo Bioy Casares; en México, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Juan Rulfo; en Colombia,
Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis; en Cuba,
Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante; en Perú,
Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique y José María Arguedas; en Uruguay, Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti; y en Paraguay, Augusto Roa Bastos.
La difícil situación política de los países que habitaron les hizo buscar en sus obras un mundo paralelo en el que plasmar la
América que anhelaban. “Conversación en la catedral”, de Mario Vargas Llosa; “Rayuela”, de Julio Cortázar; “Dulce pájaro de la noche”, de José Donoso; o “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, son sólo algunos ejemplos.
Retrataron sus propias vidas en las páginas que escribieron, como también las de sus contemporáneos. Algunos, como Juan Carlos Onetti, situaron la trama de sus novelas en una ciudad imaginaria, Santa María; equiparable al Macondo de Gabriel García Márquez. Pero no sólo narraron los pormenores de las sacrificadas vidas de sus protagonistas, también del momento
político por el que atravesaban sus países, lejos de la democracia y del porvenir.

Defensores de la América pérdida de otro tiempo, en aquella época muy añorada por los acontecimientos de los que eran testigos y ahogados por las
dictaduras, encontraron en el
surrealismo lo que perseguían, un
mundo maravilloso en el que experimentar los sabores de otra vida o, al menos, hacérsela vivir a sus tan carismáticos personajes. William Faulkner fue para ellos un maestro, quizá, sobre todo, para Julio Cortázar, quien tuvo fama de ser uno de los más exagerados en su escritura, de gran complejidad. La enrevesada técnica y el rico lenguaje que utilizaron convierten a las obras de estos maestros en un reto para el lector, quien ha de plantear su lectura como un desafío.
Pese al indiscutible peso que estos autores han tenido en la literatura universal, lo cierto es que la Academia Sueca no siempre los ha tenido en cuenta a la hora de repartir los Premios Nobel. En 1967, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias fue el primero de esta corriente literaria en recibir el galardón. Le siguió Gabriel García Márquez, en 1982. Hubo que esperar ocho años para que la lengua española volviera a ser premiada, esta vez en la figura de
Octavio Paz.
Desde entonces, ningún autor del boom latinoamericano ni tampoco ningún escritor en español había vuelto a ser premiado. Ha sido este jueves cuando el anuncio del Nobel a Mario Vargas Llosa ha venido a saldar una cuenta pendiente con la larga lista de autores que formaron parte, como él, de un movimiento literario que debió dar más Premios Nobel. En la memoria quedan Borges o Cortázar, quienes nunca lo recibieron.
“Me alegro mucho por la lengua en la que escribo y por la literatura latinoamericana”, ha dicho Vargas Llosa al conocer que había sido el elegido. Todo un homenaje.