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Asimov inédito

David Felipe Arranz
jueves 07 de octubre de 2010, 21:21h
Doctor en Ciencias Químicas y visionario, Isaac Asimov supo anticiparse a su tiempo, aunando ficción literaria y ciencia como ningún otro escritor de ciencia ficción –quizá Arthur C. Clarke, Ray Bradbury, William Gibson, Ursula K. Le Gun y Robert A. Heinlein pudieran considerarse a la altura de su genialidad–. Probablemente, de continuar entre nosotros, Asimov hubiera pergeñado alguna trama novelesca donde el afán humano por hacer un uso espurio e interesado de la ciencia y la técnica hubiera conducido al planeta a la aniquilación económica y, por ende, social. Pudiera parecer una noticia cotidiana –los paralelismos desarrollados por las políticas en las sociedades capitalistas son inevitables e, incluso, deliberadamente obligadas–, pero se trata de la trama de "El pasado muerto", uno de los relatos incluidos en Relatos completos 2, de Isaac Asimov (Madrid, Alamut, 2010), donde lo prospectivo se roza con lo crítico-satírico.

Luis G. Prado, editor que mima sus ediciones de literatura fantástica y de ciencia ficción, acaba de lanzar al mercado editorial el segundo tomo de una magna y admirable empresa literaria: en sus propias palabras, “editar en volúmenes recopilatorios las colecciones originales que Asimov publicó entre los años cincuenta y los ochenta (más una póstuma de los noventa), manteniendo el orden de publicación original y, desde luego, las introducciones a los relatos”. Porque, la excelencia de Alamut consiste nada menos en hacer acompañar a cada relato, en nueva traducción, de su introducción original, mutilada hasta la fecha por editores desaprensivos que, seguramente para ahorrar papel y no emprender un ambicioso plan de edición, “recortaban” aquí y allá, privándonos de las deliciosas formulaciones teórico críticas del doctor Asimov. El segundo volumen reúne las tres primeras colecciones que Asimov publicó en los años cincuenta, cuando sus cuentos, publicados en las revistas del género, rivalizaban en calidad literaria con las series de Fundación y Yo, robot: “Al estilo marciano”, “Con la Tierra nos basta” y “Nueve futuros”.

La edición de Alamut, planeada en cuatro volúmenes, incluye joyas como la serie Asimov’s Mysteries, “Anochecer”, “Compre Júpiter”, “El hombre bicentenario”, “Los vientos del cambio” o “Adiós a la Tierra” –en la cuarta entrega–, por entero inédita en castellano, etc. Fue Asimov quien planteó el funcionamiento de los robots, en una sociedad altamente tecnologizada, “la más extraña y gigantesca industria en la historia del hombre”, y enunció las tres Leyes de la robótica: 1) Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. 2) Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera Ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda ley. (Manual de Robótica, 56.ª edición, año 2058). Fue la doctora Susan Calvin la elegida por Asimov, una muchacha “fría, sencilla e incolora”, quien desbrozó la vida psicosomática del cerebro positrónico de la máquina.

Asimov, con apenas treinta años de edad y mediante el híbrido de la ficción ensayística, comenzaba a dibujar nada menos que el uso futuro del software en una era precomputacional. Los brillantes psicohistoriadores a lo Hari Seldon de Fundación poco o nada tienen que hacer en el mundo hispánico actual, donde las becas científicas resultan irrisorias en comparación con, como un albañil me comentaba ayer, los 6.000 euros en dinero negro que se endosan al mes por levantar un muro de cemento y poner los techos y los suelos de un edificio. De la Sociedad del Conocimiento a la Sociedad del Cemento: ése ha sido nuestro viaje, el inverso del niño neandertal criado por la enfermera Fellowes, de nuevo empujado al pasado y de una patada cuando sus secretos habían sido desvelados y ya no les era útil a los capitostes del sistema.

Si a la ministra Cristina Garmendia, de inminente regreso a la actividad privada, su padrino Miguel Sebastián le dejara hablar con libertad, diría a buen seguro que su Ministerio tiene más de ficción que de Ciencia e Innovación y que a ella, experta en biotecnología como la doctora Susan Calvin de Asimov, los ojos se le humedecen al recordar tiempos mejores, especialmente ahora que su presupuesto ha retrocedido atrás en el tiempo hasta remontarse al de un neandertal, como el del mencionado “El niño feo” asimoviano. Sí, su ministerio ha sufrido un insostenible tijeretazo del 15% en I+D que ha dejado a Garmendia y a nuestro país con frente a la comunidad científica internacional.

Más que en la ciencia ficción, acaso pudiéramos pensar en la picaresca. Si a Asimov le suministráramos una mínima información sobre cómo funciona nuestra casta política, hubiera hecho maravillas con una saga insólita, la de los nuevos hombres mecánicos de la política, una entrega que hubieran hecho furor entre los lectores: imagínense los centenares de unidades de zapateros y rajoys saliendo de la cadena de montaje U.S. Robots & Mechanical Men Inc., listos para ser adquiridos en un soleado domingo por los señores Pérez Gómez y su prole, destinados a colaborar en las tareas domésticas. Mientras mueven los brazos con sus conocidos tic –la voz que avanza a trompicones, el cubo invisible articulado con los brazos, los ojos secos de muñeca antigua y las lenguas que se pegan al paladar– y emiten su sempiterno discurso, dan la papilla al niño o le cambian los pañales mientras la doctora Garmendia llora desconsolada en una esquina de la fábrica. Y de la transgresión de las leyes de la robótica por los dos modelos de máquinas políticas, ya ni hablemos. Pero ya nos deslizaríamos por los angustiosos terrenos literarios de las antiutopías o los peores mundos posibles… y ésos se los confiamos a George Orwell y Aldous Huxley.
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