Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional han señalado al gigante asiático como el principal motor global de la recuperación económica tras la crisis financiera que ha asolado los mercados en los últimos años. Con un crecimiento anual de media de entre el 9 y el 11 por ciento, China avanza imparable en el siglo XXI. Tras superar a las economías de Alemania y Japón, Pekín ya apunta hacia su próximo objetivo: Estados Unidos. Pero no es oro todo lo que reluce en el país de las cinco estrellas: la creciente corrupción, un estancamiento estructural y la preocupante burbuja inmobiliaria son algunos de los lastres que aún tiene que soltar la locomotora asiática.
A pesar de que los rigores de la crisis siguen lastrando las economías de medio mundo, parece que Pekín es ajeno a todos estos contratiempos. Las previsiones del
Fondo Monetario Internacional (FMI), hechas públicas a principios de este mes, situaban el crecimiento de la economía china por encima del 10 por ciento este año y en torno al 9,6 por ciento para el año que viene. A pesar de que los próximos meses se presentan complicados para China, lo cierto es que el Gobierno presidido por Hu Jintao tiene margen suficiente en sus arcas para mantener la época dorada del gigante asiático.
El FMI achaca el crecimiento chino al aumento sostenido en las ventas al por menor y en la producción industrial, lo que reflejan una
reactivación del sector privado a raíz del programa de estímulo económico puesto en marcha hace unos años. Sin embargo, el organismo internacional alerta que Pekín debe poner especial atención en las reformas estructurales en los ámbitos sanitario, de pensiones y educativo, mejorar la flexibilidad laboral e implementar medidas para favorecer el ahorro de las empresas.
Por su parte, el
Banco Asiático de Desarrollo (BAD), instaba este pasado julio a las autoridades chinas a aumentar los tipos de interés o fortalecer su divisa para intentar contener la inflación, que en 2010 ha alcanzado el 3,5 por ciento, tras el aumento del gasto público durante el periodo de recesión mundial.
Hu Jintao, presidente chino y uno de los pocos mandatarios internacionales que han felicitado a José Luis Rodríguez Zapatero por sus medidas anticrisis, está al mando de una nave casi perfecta y la tripulación más numerosa del planeta que han logrado que China adelantara el año pasado a Alemania como segundo país exportador y, en agosto, a Japón como
segunda economía mundial.
Además, no se debe pasar por alto una de las grandes bazas que esconde Pekín: la enorme cantidad de deuda extranjera, norteamericana a la cabeza, que está acumulando a lo largo de estos años y que le otorgan un colchón financiero más que reseñable. Especialmente llamativo es el caso español. En apenas una década, China ha adquirido más del 20 por ciento de la deuda exterior emitida por el Banco de España y se ha convertido en el máximo poseedor de este tipo de títulos sólo por detrás de Francia.
El pasado verano, el Producto Interior Bruto chino, que arrastra una deuda del
50 por ciento, superó al de sus vecinos nipones en términos nominales. En los años ochenta, Japón se postulaba como la gran alternativa económica a Estados Unidos, pero nunca llegó a superar a su tradicional adversario norteamericano. En estos momentos, esa alternativa financiera la representa China, aunque los expertos creen que aún queda mucho para desbancar a Estados Unidos del primer puesto del podio económico mundial. Hace una década, China era la séptima economía mundial, pero el gran desarrollo del país asiático ha permitido que el crecimiento acumulado desde 2001 sea de un espectacular 261 por ciento.
China también mira hacia dentroLa economía china se ha basado, tradicionalmente, en las exportaciones. De este modo, la balanza comercial era una constante lacra año tras año. Pero, desde que Pekín implementara los nuevos planes de estímulo económico, lo cierto es que esos indicadores se han estabilizado mucho. De este modo, la Inversión Extranjera Directa (IED) se ha incrementado en 2010 un 20,65 por ciento respecto al año anterior. Esto supone una inyección económica de cerca de 50.000 millones de euros. A pesar de esto, la balanza comercial sigue siendo
deficitaria. Sólo el pasado mes de marzo, las exportaciones superaron en 5.300 millones de dólares a las importaciones.
Pero las exportaciones siguen siendo el gran estandarte de la economía china. Sólo en el primer semestre de este año, el comercio exterior chino aumentó un
43,1 por ciento, las exportaciones, un
52,7 por ciento; y la inversión en activos fijos, un
25 por ciento. Estos indicadores, unidos al incremento del 18,2 por ciento de las ventas al por menor, principal dato del consumo, dan buena fe del gran momento por el que atraviesa China en materia económica. Además, según los últimos pronósticos, la producción china se situará al frente de la industria mundial a comienzos de 2011 por delante incluso de la norteamericana.
De izquierda a derecha, Wen Jiabao, Herman Van Rompuy y José Manuel Durão Barroso.El yuan, foco de controversiasUna de las mayores polémicas que rodea a la economía china es el tipo de cambio que ha impuesto Pekín a su moneda, el yuan, que, sólo en los últimos dos años, ha subido un 9 por ciento frente al resto de divisas. Las críticas de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, o de actores de primera fila como la Unión Europea o Estados Unidos, que acusan a China de desvirtuar su moneda con el fin de favorecer sus intereses, son muy habituales.
Washington, a través de su actual secretario del Tesoro,
Timothy Geithner, ha acusado en reiteradas ocasiones a las autoridades chinas de distorsionar el mercado mundial y, de este modo, ralentizar el reajuste de la economía mundial tras la crisis financiera de los últimos años. Aunque el tejido empresarial norteamericano ha instado a Geithner a sancionar a China por esta manipulación del mercado, lo cierto es que es poco probable que el Gobierno de Barack Obama se enfrente directamente con su principal adversario financiero.

Además, Estados Unidos y otros gobiernos occidentales creen que China mantiene el valor del yuan artificialmente bajo con el objetivo de abaratar sus productos, lo que supone poner en práctica una competencia desleal hacia el resto de mercados. De este modo, la diferencia comercial entre las dos grandes potencias económicas mundiales ha aumentado en los últimos meses en torno a un 6 por ciento colocándose sobre los
71.000 millones de dólares en favor de Pekín y la tendencia es estable si no se interviene en la política monetaria china.
Pero, si prospero es el presente, mucho más lo es el futuro de China. Algunos economistas predicen que en 2040 la economía de las cinco estrellas rondará los 80 billones de euros y su PIB supondrá el 40 por ciento del total mundial. Todo ello con un capital humano descomunal: el 17 por ciento de la población global.
Por otro lado, la renta per capita de los chinos, una de las asignaturas pendientes de Pekín hoy en día, ascenderá a los 70.000 euros. Los especialistas apuntan al ingente esfuerzo que está haciendo el gobierno chino en educación como uno de los grandes secretos detrás de los que esconde el 'milagro económico' del gigante asiático.