Santos Juliá: Historia social/sociología histórica. Prólogo de Pablo Sánchez León. Introducción de Jesús Izquierdo Martín y Marisa González de Oleaga. Siglo XXI. Madrid, 2010. 262 páginas. 19 €
Las etapas en la Historia corren a diferentes velocidades, incluso hay épocas que se precipitan vertiginosamente sobre sus protagonistas y les adelantan haciendo que la reflexión de los coetáneos se quede, cuando menos, incompleta. Los años que median entre 1776 y 1789 –de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano– no llegan a quince, pero su continua sucesión de acontecimientos trascendentales para la Humanidad convierten este periodo en uno de los más convulsos de nuestro pasado.
Algo similar ha ocurrido desde 1989 –fecha de la primera publicación del libro aquí reseñado en su reciente reedición como
clásico– hasta el presente. La caída del muro de Berlín, el final definitivo de la Guerra Fría y la llegada de las nuevas guerras con el colapso del comunismo en Occidente han sobrepasado a sus protagonistas y analistas. La visión marxista de la Historia, que aún hoy muchos investigadores sociales continúan, ha quedado en entredicho y buena parte de las corrientes historiográficas están siendo revisadas cuando no arrinconadas.
La propuesta del texto de Santos Juliá
Historia social/sociología histórica, editado de nuevo este año por Siglo XXI en su colección de clásicos, de hacer una reflexión teórica y metodológica entre los científicos españoles para renovar sus análisis y el dibujo de un nuevo campo de encuentro entre la Historia y las Ciencias Sociales en toda su extensión se quedó aislada y precisamente en esta inoperancia estriba el interés actual del libro, pues hoy es más fácil analizar las condiciones que propiciaron su escritura y recepción. Muy interesantes y nada despreciables para entender el debate propuesto en las líneas de Santos Juliá y el que realmente ocurrió en esos años, son también el prólogo y la entrevista que al autor le hacen los directores de la colección.
Por Margarita Márquez Padorno