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Acaba de publicar [i]Aralda[/i], un relato juvenil

Mayte Pagazaurtundúa: "Los de Eta y Batasuna son como los alumnos que hacen trampa"

lunes 22 de noviembre de 2010, 11:19h
Después de publicar en 2004 Los Pagaza, un libro biográfico en el que hace un retrato de la situación de la sociedad vasca y, en 2005, El viudo sensible y otros secretos, Mayte Pagazaurtundúa se adentra de lleno en la literatura juvenil con Aralda. La idea nace de una promesa a sus dos hijas de escribir un libro que fuera para ellas y en el que fueran las protagonistas. Mayte, que confiesa que aún no ha superado sus miedos, ahonda en esta historia de ficción en los miedos e incertidumbres de la adolescencia, todo ello salpicado con un halo de misterio en el que tienen cabida hasta fantasmas. Como presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo le queda tiempo para hacer una radiografía sobre cómo se están desarrollando los acontecimientos en el entorno de Eta y Batasuna.
- Ha dicho que el crecimiento personal tiene que ver con enfrentarnos a nuestros miedos y cobardías. ¿Ha superado usted sus miedos?

No. Yo creo que todos nos enfrentamos a los miedos y a las cobardías casi cotidianamente.

- Aralda es una historia para adolescentes, aunque también habla de sentimientos de adultos. ¿Cómo ha sido el reto de escribir para los jóvenes?

Ha sido todo un descubrimiento. Me ha gustado mucho escribir en una clave lingüística diferente a la que utilizo habitualmente para comunicarme con adultos. En la parte que tiene que ver con la ficción, lo cierto es que la literatura de chavales permite una enorme libertad, y eso es muy entretenido. Lo he pasado francamente bien escribiendo porque podía inventar. No hay tantas fronteras como a veces sentimos cuando estamos escribiendo para adultos. Esa desinhibición hace que el acto de la escritura sea muy placentero. Me ha gustado y creo que le he pillado un poco de vicio, así que, en cuanto tenga tiempo, escribiré más historias juveniles.

- Tengo entendido que sus hijas le ayudaron a dar el paso definitivo para escribir esta novela. ¿Han quedado satisfechas con el resultado?

La verdad es que he quedado muy bien con ellas. Había un juego de complicidad. Vamos a poner en una familia a dos niñas, como mis dos hijas, los padres desaparecen y dejé a esas niñas en un caserón con los abuelos en verano -con una figura paterna y materna la historia hubiera sido diferente, las niñas no se hubieran deshinibido-, lo que permitió muchas licencias en la trama. La pequeña, que no lo ha leído aún, me preguntaba cómo iba el personaje de la menor de las niñas, le di dos momentos estelares que le he leído y con los que ha quedado muy contenta. He tenido que quedar bien con las dos, repartiendo juego y protagonismo.


- ¿Enseña este libro a llevar mejor ciertos cambios en la vida de un adolescente?

No lo sé. Todavía no tengo contraste con tantos lectores como para saber eso. Sé que hay muchos chavales que lo han leído muy a gusto y que de alguna manera ha conectado con ellos. No conozco a ninguno que haya tenido esa experiencia, pero sí hay un planteamiento general de un cierto desarraigo de inicio y tener que volver a empezar redes personales, el descubrimiento de esas amistades de la adolescencia que son tan importantes y enfrentarse a toda esa parafernalia de miedos que se tienen a esa edad. Todo eso está multiplicado a la máxima potencia en el libro, puesto que la protagonista se enfrenta a un ser muy diabólico, además de todo lo que le toca por su condición de adolescente.

- Mezcla la realidad de un pueblo del Alto Sella con un relato que incluye hasta fantasmas. ¿Cómo aunó estos dos elementos para hacer el texto atractivo?

Lo del Alto Sella fue fruto del azar. Yo tenía ya la idea general de por dónde iban a ir los personajes, pero no tenía idea de dónde ubicarlos y dónde hacer que resultara creíble una historia en la que hay un montón de fantasmas. Surgió tras escuchar los relatos de un amigo hablando de su pueblo, de su concejo. Me compré una guía del Alto Sella y otra de asturiano para que las frases escritas en asturiano fueran correctas. En esencia, es un libro documentado porque, de hecho, hay pequeños detalles que así lo están. La gente de Ponga, el lugar real en el que me he inspirado, aunque lo he llamado de otra manera, participó con Enrique III en la batalla en la que uno de los fantasmas de Aralda pierde la cabeza.

- Capítulos cortos y directos. ¿Es difícil que los jóvenes lean?

Los adultos deberíamos conocer más la literatura infantil y juvenil puesto que hay muy buenos autores. Cuando lees libros que leen tus hijos se crean complicidades y temas de conversación. Ellos notan que respetas lo que están leyendo.

- ¿Cómo se les convence para que lean en lugar de ver la televisión o jugar a la viodeoconsola?

No todos los padres tienen tiempo y energía después de las maratonianas jornadas de trabajo, pero sí recomiendo que se introduzcan en la literatura juvenil y compartan eso con sus hijos. La lectura es muy importante para dar el salto de la enseñanza primaria a la secundaria. Vale la pena.

- ¿A qué político recomendaría su libro para que superara sus miedos?

No había pensado en ello. Yo más que Aralda, a los políticos les recomendaría siempre la lectura de los grandes humanistas y de todos los pioneros que han abierto camino desde la honestidad intelectual y se han enfrentado muchas veces a la incomprensión. Así quizá consigue animarles viendo que muchos grandes hombres las pasaron canutas: Voltaire, Espinosa, Tomás Moro, Platón o Séneca. A gente que tiene tal nivel de responsabilidad les recomendaría leer muy buenos libros de historia y de grandes pensadores, así como sus biografías.

- ¿Le da miedo cómo se están desarrollando los acontecimientos con respecto a Eta y Batasuna?

Ha habido un momento de enorme confusión y de mucha turbulencia en la opinión pública. Yo espero que la experiencia adquirida en el trato con las trampas que Eta y Batasuna suelen tendernos nos ayude a sortear los obstáculos, los tocomochos y juegos de trile que están ahora mismo en el horizonte cercano. Tengo la impresión de que Batasuna quiere hacer trampa, según su propia naturaleza. Me da la impresión de que los de Eta y Batasuna son como los alumnos que hacen trampas en el examen y que, además, cuando les pillan quieren que les pongan la nota que obtendrían copiando.
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