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Los motivos de Rusia

jueves 02 de diciembre de 2010, 00:47h
Las declaraciones del presidente ruso, Dimitri Medvedev, vaticinando una nueva carrera armamentista de no alcanzarse un acuerdo sobre el proyecto de escudo antimisiles conjunto entre Europa y Rusia, hay que tomarlas en su justa medida. En teoría, contrastan abiertamente con la iniciativa de Obama propuesta hace no mucho y cuyo fin último era lograr la erradicación del armamento nuclear a nivel global. La iniciativa en cuestión, bien acogida por Rusia en su momento, implicaba la convocatoria de una cumbre contra la proliferación de los mismos. ¿Qué ha cambiado, entonces, para que Rusia se desmarque ahora con semejante bravata? Absolutamente nada.

Ocurre que Moscú no desea perder su lugar de primacía como superpotencia en el concierto internacional y lanza un órdago en plena crisis norcoreana, a sabiendas de que no le interesa jugarlo. De hecho, el tema del armamento nuclear y el escudo antimisiles es uno de los lastres que aún pervive como herencia de la Guerra Fría. Tras ella, la caída del Muro y el desmembramiento de la antigua URSS trajo consigo una deseada época de distensión que fue aprovechada para dejar de lado la carrera nuclear, o al menos no focalizarse tanto en ella. Uno de sus máximos exponentes fue Ronald Reagan, quien reparó además en el hecho económico: el coste nuclear era elevadísimo. La actual coyuntura económica mundial hace que haya que recortar gastos con premura. Este es el argumento principal que tanto Occidente como Rusia tienen bien presente a la hora de ponderar iniciativas militares. Por ello, si lo que Rusia pretende es únicamente presionar para no perder su posición de preeminencia, está en su derecho. Pero de tener intenciones reales de emprender una nueva escalda armamentista, estaría incurriendo en una responsabilidad tremenda. De Medvedev depende.

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