cine
"Biutiful": Retrato de una vida que es de todo menos [i]beautiful[/i]
martes 07 de diciembre de 2010, 12:58h
Se acaba de estrenar en nuestro país "Biutiful", la última película de Alejandro González Iñárritu con Javier Bardem que el realizador mejicano cree que le ha quedado como un trabajo vital, aunque reconoce que la percepción del público dependerá de sus propias experiencias.
No le gusta a Alejandro González Iñárritu que se califique de duro a su último trabajo, la esperada cinta Biutiful ambientada en los arrabales de Barcelona, que se acaba de estrenar en nuestro país. Asegura el realizador mejicano que, al final, le ha quedado una película vital, aunque reconoce que la percepción que va a tener una parte del público dependerá mucho de sus propias experiencias.
Que la subjetividad siempre está presente en cualquier percepción del arte y, en general, de cualquier acontecimiento de la vida es algo de lo que no cabe duda. Sin embargo, Biutiful, se mire por donde se mire, es el retrato hiperrealista de la durísima historia de su protagonista, Uxbal y, de paso, de todo un mosaico de seres desarraigados que acompañan al primero en su desgracia. Otra cosa es que la cinta reserve algunos trazos de algo parecido a la esperanza al final del oscuro túnel y que la relación de Uxbal con el mundo de los muertos a través de su faceta de vidente, invite a pensar en un camino a emprender una vez que finaliza el recorrido realizado en este plano terrenal. Pero lo cierto es que Iñárritu no ahorra en escenas tremendas en las que inevitablemente uno ya se espera siempre lo peor, a pesar de que su forma de contarlo esté compuesta por partes iguales de impacto y de poesía.
Porque ante tanta miseria, Uxbal, a quien acaban de diagnosticar un cáncer terminal, se nos presenta como un hombre esencialmente bueno, con una moral que preside también sus ocupaciones delictivas relacionadas con la inmigración ilegal que son su medio de vida. Mucho más cuando se trata de la relación que tiene con sus dos hijos pequeños, e, incluso, con la madre de estos, una enferma de bipolaridad que convierte la vida familiar en una auténtica montaña rusa de impredecibles altibajos. O con su hermano mayor, un superviviente sin demasiados escrúpulos y, desde luego, sin tanta vida interior como la que, a pesar de todo, proyecta Uxbal en cada una de sus acciones.
Pero nada de todo lo anterior, es decir, el resultado de cuidado drama acompañado de sensibilidad a flor de piel que llega con fuerza y golpea sin miramientos al corazón del respetable, sería posible o, por lo menos, no de la misma manera, sin la soberbia interpretación de Javier Bardem, el actor que siempre puso cara al personaje de Uxbal mientras el mismo aún se estaba gestando en la mente y en la pluma del director mejicano, famoso internacionalmente por anteriores trabajos como Babel, Amores Perros o 21 gramos. Uxbal nació con los rasgos de Bardem y, sencillamente, Bardem es, en piel y alma, Uxbal. El actor español cuida con esmero cada uno de sus movimientos y tanto el ritmo de su acento como las sutiles expresiones de su rostro quedan por completo al servicio del gran trabajo actoral por el que fue galardonado en Cannes con el Premio a la Mejor Interpretación, a la espera de otros reconocimientos que seguro que aún están por llegar.