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Lágrimas de Rubalcaba

domingo 12 de diciembre de 2010, 18:08h
De verdad que me he preocupado y mucho. Me he preocupado cuando he oído al Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, emocionarse porque una atleta, Marta Domínguez, haya sido detenida y acusada por un presunto delito de tráfico y distribución de sustancias dopantes. Su emoción ha sido porque él, Rubalcaba, había sido atleta en su juventud. Son lágrimas a las que nos vamos a tener que acostumbrar hasta el final de esta nefasta legislatura.

La verdad es que Rubalcaba ofrece la imagen de un santo ermitaño, que nunca ha roto un plato, con su cabeza inclinada hacia un lado, cuando hace declaraciones post consejo de ministros, y con emoción contenida siempre. Una emoción que seguro no emana agua bendita. Son lágrimas de las lamentaciones de alguien que no encuentra ya salidas válidas a los desastres perpetrados.

Las lágrimas de Rubalcaba son, seguro, de “cocodrilo” y no van a parar hasta que no consiga que el torrente de votos que se va del PSOE, por culpa de su Jefe, vierta de nuevo hacia la finca de Ferraz. Difícil lo tiene el Vicepresidente Primero, que sigue anunciado- no hay quien se lo crea- “que está cansado y que piensa dejar la política”. Pobre hombre, pues sino fuera por él, los fines de semana serían más tranquilos. Casi de ejercicios espirituales. No tendríamos las noticias tan amargas que nos llegan, y que seguro llegarán, como la de Marta Domínguez. Nos esperan muchas noticias duras y complicadas de aquí a marzo de 2012, porque ¡ojo! Rubalcaba es mucho Rubalcaba.

Menos mal que nos queda la esperanza de los que creemos que esto tiene arreglo y que personas que se lamentan por los errores propios, pero que quieren trasladar la culpabilidad a otros, tienen ya poco recorrido político. Por eso, nos aferramos a las últimas palabras del Cardenal Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que tras ser investido como Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica de Valencia, “San Vicente Mártir”, dijo esta pasada semana que “La esperanza no me quita nada de realismo”. “Sé con firme convicción y total certeza que Dios no abandona al hombre definitivamente; que, si bien, para una sociedad como la nuestra, cerrada al futuro, faltan fundamentos para la esperanza, Dios no lo dejará en la estacada, por muy sin salida que se encuentre.” Me urge ser testigo y portavoz de esperanza, alentar la esperanza, mirar al futuro, ayudar a abrirse al futuro y señalar caminos que conduzcan a él”.

Así que ¡ea! Rubalcaba a secarse las lágrimas, que aunque sean de cocodrilo, pañuelos no te van a faltar.
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