aumentan las manifestaciones
El régimen de Buteflika, paralizado por la ola de protestas
sábado 08 de enero de 2011, 13:56h
Miles de jóvenes han tomado las calles de Argelia desde hace 72 horas para protestar por la mala situación del país (subida de precios, corrupción, futuro incierto...) Mientras, el Gobierno calla. Por Pedro Canales.
Desde hace 72 horas, la capital de Argelia vive la mayor ola de protestas populares desde hace 20 años. Miles de jóvenes se han lanzado a tomar las calles incendiando comercios y coches, levantando barricadas y haciendo frente a la policía antidisturbios con piedras y todo lo que encuentran a mano. La revuelta se sucede noche y dia mientras el poder político permanece en silencio.
La contestación, la «hogra» como la llaman los argelinos, se ha extendido al resto del país. No menos de 20 ciudades, entre ellas Orán, Blida, Laghuat, Sidi Bel Abbes, Bejaia, Constantina, Tebessa, Setif, Mostaganem, Buira, Annaba, se han sumado a la revuelta. La gente, en su mayoría jóvenes, protestan contra la carestía de la vida, la subida de precios, la falta de política social, la corrupción reinante y el incierto futuro que les espera. Según la prensa independiente, se han registrado numerosos heridos entre manifestantes y miembros de las fuerzas de seguridad y, al menos, un muerto en la wilaya (región) de Msila.
Para el analista Nordine Grim, la situación recuerda a la vivida en Argelia a finales de los años 80 y en la década de los 90. Grim achaca «la persistencia de la influencia del movimiento islamista sobre un amplio sector de la población» no sólo a la instrumentalización del Islam con fines políticos, sino principalmente a que los herederos del Frente Islámico de Salvación han sabido «explotar las consecuencias desastrosas de la gobernanza del país por un sistema incompetente y exhausto».
Descontento social
Razones para el descontento popular no faltan, según la prensa independiente en Argel: la masificación de la pobreza, el éxodo rural, la gestión oculta de los asuntos públicos, la corrupción que afecta a las autoridades políticas en funciones, el eclipse mediático del presidente Buteflika y de los miembros más influyentes del gobierno, la distribución desigual de la renta petrolera y el cierre hermético del espacio político. El «salario mínimo» en Argelia es uno de los más bajos del mundo en un pais cuyo régimen se enorgullece de poseer en las arcas del Estado un superávit de 250 mil millones de dólares procedente de las exportaciones de petróleo y gas.
Ante el silencio deliberado de las autoridades del Estado, los rumores han invadido las calles y plazas del país. Ningún responsable gubernamentral quiere salir a la palestra. Salvo una declaración superficial del ministro de Comercio, Mustafa Benbada, acerca de las razones que han obligado al gobierno a permitir la subida de precios de productos de primera necesidad (azúcar y aceite, principalmente), el resto de responsables guarda un mutismo provocador. Un oficial de policía ha declarado de forma anónima al periódico El Watan que «esta explosión social era previsible desde hace mucho tiempo vista la miseria, las desigualdades sociales y el desplome del poder adquisitivo». El oficial de seguridad asegura que «todo esto figura en los informes que regularmente enviamos a nuestros superiores».
La opinión pública argelina nota que el presidente Abdelaziz Buteflika no ha pronunciado ningún discurso a la nación desde su reelección en abril de 2009 y está ausente de los problemas domésticos. Su último desplazamiento en el interior del país fue hace tres meses a Ouargla, una ciudad del sur a las puertas del desierto del Sahara, para inaugurar el año universitario. Desde entonces, mutismo total.
La situación en los barrios populares de las grandes ciudades es alarmante. Las calles no están asfaltadas, los servicios del estado escasean o han desaparecido (correos, gas, electricidad, agua corriente, teléfono), los servicios sociales permanecen saturados, el transporte es caótico, «es como si el Estado no existiera», comenta un cuadro superior del ministerio de Cultura a El Imparcial. «Esto parece Beirut en los peores años de la guerra civil o Argelia en los años 90».
Preocupación en Occidente
Las cancillerías occidentales siguen con atención los acontecimientos en el principal exportador de energía a Europa desde la ribera sur del Mediterráneo. El gobierno francés ha pedido «prudencia» a los ciudadanos que viajen a Argelia y a sus 35.000 residentes en el país norteafricano y que «extremen las precauciones». Los Estados Unidos se han declarado «preocupados» por la agitación social reinante, que atribuyen en gran parte al alza de precios y a la penuria de viviendas, «asunto mal gestionado por el Gobierno». La Casa Blanca dice estar «en contacto con el gobierno argelino y vigilar la seguridad de sus compatriotas».
La clase política y la oposición argelina atribuyen toda la responsabilidad de los acontecimientos al régimen de Buteflika. «El poder reacciona frente a la miseria creciente con el desprecio, la represión y la corrupción», dice la Reagrupación por la Cultura y la Democracia (RCD), partido que dirige Said Saadi. Para éste «lo que ocurre es la consecuencia directa del autismo político, del fraude electoral y del acaparamiento de la riqueza nacional en provecho de una casta voraz e ilegítima». El intelectual Abdelkader Dehbi califica el actual régimen como un «monstruo institucional horrible y mnafioso, corrupto y antinacional» en una carta abierta al presidente. Dehbi le pide que «tenga un último rasgo de honor» y que convoque «elecciones generales para la instauración de una Asamblea constituyente representativa de la voluntad popular».
Los oficiales libres
Ante la situación de marasmo que vive estos días Argelia, el Movimiento Argelino de Oficiales Libres (MAOL) ha hecho una declaración junto a un llamamiento a las fuerzas vivas del país. Para el MAOL, «el deber de respeto al juramento militar y la obligación de fidelidad hacia Argelia imponen a la institución militar en su conjunto alinearse junto al pueblo». El Movimiento de oficiales llama al Ejército a «tomar una decisión de principios» y alejarse del «régimen en bancarrota, que representa un peligro gravísimo para el presente y el futuro del país».
Desde la oposición democrática, sin embargo, se insiste en que la solución a la crisis no debe ser militar, sino política. « Es necesario avanzar en la creación de un Frente para el Cambio Nacional », subraya Djamaleddine Benchenouf, para el que los diferentes grupos de la oposición, como el Llamamiento del 19 de marzo, el grupo Rachad, el Círculo de Iniciativa Ciudadana, El Bina el Hadhari o los movimientos históricos como el Frente de Fuerzas Socialistas y otros, deben unir sus fuerzas en un solo frente y presentar una alternativa democrática, un frente «constituido por todas las tendencias políticas del país sin exclusión» y que designe un Comité de Salud Pública capaz de tomar en sus manos la gestión de la transición democrática en Argelia.