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“Operación Relevo” de Zapatero

martes 18 de enero de 2011, 14:22h
La alarma en los sectores partidarios del PSOE ante el declive en las encuestas ha propiciado desde hace algunos meses una operación en toda regla para buscar la forma de salvar los muebles.

En una primera fase, el argumentario ha sido explicar a quien quisiera oír que, a diferencia de la época terminal de Felipe González en la que el PSOE estaba quemado por la corrupción, pero su líder no, ahora es el líder Zapatero el que está abrasado, pero el partido puede resistir. Así lo explicaron muchas altas personalidades socialistas y lo recogieron muchos comentaristas políticos de la órbita socialista a partir del verano pasado.

La segunda fase fue elogiar el cambio de rumbo en lo político con el nuevo Gobierno de Zapatero, centrado en Alfredo Pérez Rubalcaba. Una crisis ministerial que los partidarios del PSOE podían esgrimir como positiva, ya que el resto de las noticias sobre la gestión gubernamental (especialmente los recortes sociales obligados por la pérdida casi total de control gubernamental sobre la crisis económica) no sólo daba una imagen negativa en lo global, sino afectaba con dureza a la base electoral socialista.

La tercera fase presentó a Zapatero como mártir por la causa, al tirar la toalla sobre su permanencia pero aprovechas su última época como tiempo para preparar las bases de un futuro mejor. Y, mientras tanto, todo el peso político del Gobierno, toda la imagen, la mayor parte de las comparecencias significativas, correspondían a Rubalcaba.

La cuarta fase ha sido explicar a la opinión pública, a través de los medios afines, especialmente Prisa (rescatada de su crisis precisamente por gestión de Rubalcaba) que, efectivamente, a Zapatero no le votarían ni los suyos, y perdería por goleada. Pero Rubalcaba sí podía ganar. Así lo han expresado las encuestas últimas de El País y la Ser, con datos tan chocantes como los que apuntan a que Zapatero perdería por once puntos frente al PP, pero Rubalcaba ¡ganaría por ocho!

La entronización de Rubalcaba llega así en un proceso paulatino de convencimiento de la opinión pública sobre las posibilidades electorales del PSOE, si no para cambiar la situación a corto plazo, al menos para modificarla a largo, el tiempo que falta para las próximas generales.
Además, es un aviso a los navegantes socialistas para que sepan a lo que se atendrían en caso de que hubiera un candidato diferente a Rubalcaba, que es, como bien se sabe históricamente, el preferido por el Grupo Prisa.

Aunque la estrategia parezca clara, tiene también sus dificultades. La primera es que las próximas elecciones están a la vuelta de la esquina. Y éstas pueden demostrar que no sólo es Zapatero el que está quemado, porque el ámbito electoral, las Comunidades y Ayuntamientos, tienen candidatos con liderazgo conocido. Y si ellos tropiezan, lo está haciendo su forma de Gobierno y su partido, y no sólo el quemado Zapatero “por la crisis”. Especialmente si en el contexto de la misma crisis, los candidatos del PP que ahora gobiernan en los ámbitos regionales y locales ven reforzada su posición.

Esa presunta derrota socialista no afectará, por tanto, sólo a Zapatero. También al PSOE. Y, por qué no, a Rubalcaba, que es el protagonista político actual.

La segunda dificultad de la estrategia es que si Rubalcaba tiene padrinos, también hay sectores del PSOE que aspirarían al relevo de Zapatero, aunque estén ahora bastante camuflados.

Y la tercera incógnita es la voluntad del propio Rubalcaba, lo que dependerá también de las posibilidades que él mismo se otorgue. No son pocos quienes piensan en el PSOE que lo de Rubalcaba es una maniobra de distracción, que culminaría al final en otro candidato sorpresa (y hay que recordar que se tendría que elegir en primarias).

El eterno casi candidato en la sombra José Bono así lo apuntó, al señalar a Rubalcaba como la “liebre”, es decir, el señuelo detrás del cual corre la jauría sin percatarse de que la verdadera pieza está camuflada.

Y, en fin, la última de las dificultades de la “Operación Relevo” está en la propia realidad. La percepción de la crisis, los cinco millones de parados, la inactividad económica, la desconfianza. Cosas todas ellas que llevan por lo general a las sociedades a buscar un cambio político. Y ese cambio, lo pongan como lo pongan los partidarios del PSOE, difícilmente lo podría preconizar un candidato de este partido, ni siquiera Rubalcaba.

Lo que sí podría lograr alguno es que el PP minimizara su victoria. Y, para ello, están luchando denodadamente los socialistas y sus dos aliados más interesados en que Rajoy no tenga mayoría absoluta: el PNV y CiU.
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