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continúan las protestas en Túnez

La Revolucion del Jazmín, en una fase crucial

domingo 23 de enero de 2011, 10:14h
Las protestas contra el mantenimiento de los principales ministros del régimen del presidente depuesto, Zine el Abidine Ben Alí, en el Gobierno de transición continúan en todo Túnez, donde por primera vez en la historia del país centenares de policías se manifestaron en las calles de la capital.
Centenares de tunecinos siguen manifestándose en el centro de la capital frente a la sede del Primer Ministro y el palacio de gobierno. Pese a las promesas de Mohamed Ghanuchi, que dirige el gobierno provisional hasta los próximos comicios, de “acabar definitivamente con el pasado” , de “liberar todos los presos políticos en base a una Ley de amnistía”, y de “retirarse de la política tras las Elecciones futuras”, centenares de tunecinos persisten en pedir su dimisión y la de todas las figuras emblemáticas del antiguo régimen.

“No hay cabida para los hombres del tirano en un gobierno de unión nacional”, rezaba una de las pancartas que blandía la multitud ante la sede ministerial. La novedad este fin de semana ha sido que entre los manifestantes se cuentan cada vez más policías sin uniforme pero que muestran sus credenciales, miembros de la Guardia nacional (equivalente de la Guardia Civil) y bomberos, que en Túnez ha sido un cuerpo militarizado. “Estamos hoy en la calle porque queremos la reconciliación nacional”, gritaban unánimes.

Aunque los principales cuerpos represores fueron la policía política, las milicias paramilitares y la guardia presidencial, Ben Ali utuilizó las fuerzas de la policía y de todos los cuerpos uniformados como apéndice de sus fuerzas represivas. “Somos inocentes de la sangre de nuestros mártires” coreaba un grupo de policías que se manifestaban junto a la población.

El gran dilema que se plantea hoy en Túnez es qué tipo de gobierno provisional es necesario. Todas las fuerzas politicas y la sociedad civil convergen en decir que debe ser transitorio y que su misión es organizar las Elecciones legilativas y presidenciales. Pero en cuanto a su composición, las divergencias son insalvables.

Desde la mayoría de cancillerías occidentales y de los países miembros de la Liga Arabe, muy prudentes pero obligados a admitir que la revolución democratica tunecina es un hecho consumado, se quiere que el gobierno comprenda el mayor número posible de figuras del antiguo régimen. La justificacion es que solamente ellos, los antiguos miembros del stablishment, tienen experiencia gubernativa como para llevar los asuntos corrientes y mantener una imagen presentable del nuevo poder frente a la comunidad internacional. La caída de un punto en la cotación de Moody’s sobre la economía tunecina, parece darles la razón.

Losd Estados Unidos no han ocultado su disponibilidad a la mejor colaboración con el nuevo Túnez siempre que el actual ministro de Exteriores, Kamal Morjane, se mantenga en su puesto e incluso acceda a la jefatura del gobierno. Morjane es un político de gran experiecia, bien visto en Washington, pero con un handicap que le hace inservible para la población tunecina : está casado con una hermana del dictador Ben Ali.

Pese a ello los EEUU cuentan con él. En abril de 2010 estuvo en visita en la Casa Blanca. En aquel entonces, Morjane tuvo que “aguantar” un discurso del general Jamed Jones, consejero del Presidente para la seguridad nacional, que le hizo ver con claridad el descontento de Washington con el régimen tunecino, ya que “existen lazos probados entre algunos miembros del clan Trabelsi con Irán en diversos tráficos y en blanqueo de dinero”. El general Jones también le hizo saber que en la Casa Blanca se veía con muy malos ojos “el refuerzo de la cooperación entre Túnez y Damasco en cuestiones de seguridad”. La “estocada americana” al régimen de Ben Ali vino sin embargo hace una semana cuando Washington sugirió al general Rachid Amar, jefe del Estado mayor del Ejército de tierra y verdadero hombre fuerte de la cúpula castrense, “que asumiese sus responsabilidades para detener el baño de sangre”. Además para significar que la ruptura era total entre la Casa Blanca y el régimen de Ben Ali, la Secretaria de Estado Hillary Clinton que estaba de gira en los paises del Golfo, rehusó recibir a Leila Ben Ali en Dubai.

La clase política vinculada al antiguo régimen justifica la necesidad de un gobierno moderado de consenso, para frenar los cálculos desestabilizadores que está poniendo en marcha el vecino libio. El coronel Gadafi no sólo sigue reconociendo a Ben Ali “como presidente legítimo”, sino que ha acogido en su país a más de un millar de miembros de la guardia presidencial, de la policía política y de las milicias benalistas, con la intención de utilizarlo en operaciones de sabotaje y destabilización en Túnez “si fuese necesario”. Gadafi no acepta de ninguna manera que el movimiento islamista Ennahda sea legalizado y que su líder Rachid Ghanuchi vuelva a Túnez. Algo que teme igualmente el vecino Argel.

Sin embargo el régimen libio está comenzando a sentir las repercusiones de la revolución democrática en el país vecino. Centenares de jóvenes libios han asaltado las viviendas vacías en edificios nuevos de Trípoli, Bengazi y Derna. Paralelamente, decenas de abogados libios han organizado en Bengazi un sit-in en solidaridad con la revolución del jazmín. Según cree saber la publicación confidencial TTU, especializada en cuestiones de inteligencia y de seguridad en el mundo árabe, el hijo de Gadafi, Seif el Islam ha manifestado su apoyo a la revolución democrática en el país vecino, distanciándose de los duros del régimen libio que sueñan con derribar el nuevo poder tunecino.

Pero el Gobierno de unión nacional, con o sin Mohamed Ghanuchi, no parece tener el apoyo popular. La otra alternativa preconizada por la oposición laica e islamista, es un Ejercutivo tecnócrata cuya misión sea la gestión de los asuntos corrientes y la preparación de las Elecciones. “Para eso no hace falta grandes cerebros políticos. Hay en Túnez suficientes cuadros capaces de asumir las responsabilidades que se exigen”, sostienen fuentes de la oposición.
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