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El Ejército fue quien pudo

viernes 18 de febrero de 2011, 18:58h
Asistimos atónitos, casi desbordados, incrédulos por lo no esperado, al reguero de levantamientos esparcidos ahora por prácticamente todos los países árabes que, desde el 25 de enero y al grito de “ todos somos Kahled Said” , ha prendido como una mecha transfronteriza. Esta mecha que, en algunos países, terminará pronto pero coloridamente como unos fuegos de artificio, en otros, al igual que lo sucedido en Túnez y Egipto prenderá verdaderas llamaradas que den calor y color a un cambio vital, político y social.

El pasado 14 de enero y 11 de febrero el pueblo tunecino y egipcio escribieron respectivamente su página en la historia, no sabemos aún cuál será su futuro democrático, pero el hecho cierto es que ambos pueblos a golpe de corazón, hambre, paro y sobretodo sentido de la justicia y de la libertad han derrocado, en pocos días, sus quasi perennes regímenes totalitarios.

¿ Podrían estos muchachos, estos padres, estas mujeres, hijos y ancianos, es decir, estas personas que son las que verdaderamente constituyen un pueblo haber conseguido su hazaña solos a base de corazón, hambre , paro y sentido de la justicia y de la libertad?. Mucho me temo que no, atendiendo a los hechos, y si, tras la emoción de los triunfos largo soñados nos detenemos, cabeza fría, a observar la realidad, encontraremos que tras estos hechos y triunfos se encuentra en ambos casos el ejército.

En Túnez, ya al inicio de la crisis, los militares dejaron claro que no dispararían contra los manifestantes; días después de la huida del dictador se supo que el Jefe del Estado Mayor instó en su momento a Ben Ali a que abandonase el poder de inmediato.En Egipto, también desde sus primeras concentraciones en la plaza de Tahrir, los manifestantes gritaban a todo el que les quisiese escuchar que confiaban plenamente en su ejército, que éste no les abandonaría. Y no lo hizo, el ejército no les defraudó y se posicionó de su lado al punto de ser ahora el elemento fundamental que gestione la transición.

No nos engañemos, en estos éxitos rotundos hacia una incipiente democracia el pueblo puso el corazón y el ejército, como mandan los cánones, calladamente, puso la justicia. La justicia de no servir a un régimen, ni a unos políticos, ni a un sistema, la justicia de darse por y para el pueblo, dando con su actitud, al occidente democrático una auténtica lección de cómo un ejército se convierte en garante de la justicia y de libertad de un pueblo y de su derecho a elegir libremente su destino.

Visto ésto, me llama la atención como, a estas alturas, aún en algunas democracias occidentales de corte social-demócrata, algunos muchachos, padres, mujeres, hijos y ancianos – eso que verdaderamente constituye un pueblo- tienen aún la visión trasnochada de aversión sutil a nuestras Fuerzas Armadas, intuyéndola como institución represora e incompatible con la soberanía popular; ¡ qué pena que ejércitos de regímenes tiranos vengan a enseñarles acerca de su torpeza de visión.!
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