La energía en España: por un debate serio y profesional
martes 08 de marzo de 2011, 00:56h
Ayer fue el primer día en que los españoles no pudieron rebasar los 110 kilómetros por hora de velocidad en autovías y autopistas, so pena de multa. Ese parece ser el fin último de una medida que ha conseguido incomodar a la práctica totalidad de la ciudadanía. Es muy dudoso que en automóviles de reciente generación el óptimo de consumo esté en esa velocidad. Por eso, habría que preguntarle al Gobierno qué criterios ha seguido para presentar unas cifras, las del supuesto ahorro energético que se conseguiría con la medida en cuestión, cuestionadas por demasiados estudiosos en la materia. El señor Rubalcaba pone como ejemplo a Estados Unidos. Y, en efecto, en los EE.UU. hay límites entre 55 y 65 millas pero existen también límites más amplios (de 70, 75 y hasta 80 millas), dependiendo del Estado y en función del tipo de carretera y la densidad de circulación. Podría fijarse también en otros países de la Eurozona como Alemania -sin límites de velocidad en algunos tramos viarios- u Holanda -donde acaba de aumentar el tope hasta los 130 kilómetros por hora-, ambos con mayor eficiencia energética y menor siniestralidad.
Sin embargo, esa no es la cuestión relevante. Aún suponiendo que la medida del Gobierno fuera oportuna y acertada, la eficiencia energética, pasa por adoptar una política integral y consecuente, no basada en la improvisación y algunos clichés más que caducos. Alemania, cuna del ecologismo europeo y del movimiento antinuclear, mantiene una postura en materia energética tan pragmática como modélica. Francia, por su parte, genera gran parte de su electricidad -parte de la cual vende a España- gracias a las centrales nucleares, algunos de cuyos residuos vienen a parar aquí.
No puede ser que un día toque denostar a las nucleares para, al día siguiente, cambiar el paso. No puede ser tampoco que se venda un ahorro en el consumo de la luz regalando a cada español una bombilla, cuya factura pagamos todos. Tampoco parece muy efectivo el plan “renove” (sic) de neumáticos ya que, amen de afectar sólo a un pequeño número de vehículos -los que primero lleguen-, tampoco garantiza un ahorro significativo. Precisamente, medidas tan repentinas y pintorescas lo que denuncian es que el mix energético español no era el acertado. Un error que se arrastra desde hace décadas y que costará muchos años rectificarlo. España es un país en exceso petróleo-dependinete que bombea a su economía una energía cara, con las consecuencias de erosión de nuestra competitividad evidentes. No puede ser, en suma, vivir en una permanente indefinición energética, cuyo resultado es un debate sumamente pobre tanto en el fondo como en la forma. Eso sí que le está saliendo caro a España. El tema de la energía no es cuestión de ideologías, colores políticos y sondeos. Es vital. Y ese –un debate serio, profesional, técnico y económico del problema energético- es el punto de partida imprescindible para empezar a enfocar acertadamente nuestra situación.