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actúa en el café central

Andreas Prittwitz: “Al improvisar, la música te obliga a escucharte y a darte cuenta de cómo suenas”

martes 15 de marzo de 2011, 21:06h
Anoche tuvo lugar el primero de los cinco conciertos que Andreas Prittwitz ofrecerá durante esta semana en el mítico Café Central de Madrid, una gran oportunidad para disfrutar en la capital de su música, a la que transmite el entusiasmo que siente por lo que hace, contagiándolo a un público muy acostumbrado al jazz.
Para Andreas Prittwitz, tocar en el Café Central es una sensación muy especial, tanto por ese público, como por el tamaño reducido del local, que hace que sienta más presión, “en el buen sentido, por supuesto”, nos aclara. La mayoría de los temas que ofrecerá en Madrid estas noches, pertenecen a su último trabajo discográfico, “Looking back over the Baroque”, es decir, “Echando la vista atrás hacia el Barroco”, una magnífica y respetuosa mirada a esa época musical, que mezcla y une timbres tan diferentes como la guitarra barroca, el laúd, la viola da gamba y las flautas de pico con el clarinete, la guitarra española y el saxo, instrumento con el que ha acudido esta tarde a la entrevista con El Imparcial.

Prittwitz, que llegó a España desde su Munich natal cuando tenía 17 años y ya no se volvió a marchar, nos cuenta que aprendió de Javier Krahe, que las canciones, primero hay que tocarlas y luego grabarlas, pero no al revés; de modo que el repertorio de este último disco ya hace tiempo que lo viene tocando en los numerosos conciertos que le llevan a recorrer toda la geografía española. De hecho, después de Madrid, le esperan en el Festival Internacional de Música de Úbeda y, más tarde, en Murcia, con un montaje diferente, dirigido a niños, con Fernando Palacios. Y todo ello, sin dejar de trabajar en su siguiente proyecto, el cual ya ha estrenado en los conciertos, pero a falta de hacer el disco, y que esta vez fija su mirada de “mágica” improvisación en los preludios de Chopin, que interpreta a dúo con piano.

Andreas Prittwitz (Foto: Manuel Engo)


Y como su obra se centra en esas improvisaciones que añade a la música original, “desarraigándola un poco”, le preguntamos qué significa en general para él la improvisación. “La palabra en sí ya suena importante, aunque como adjetivo pueda verse a veces como algo negativo”, dice, y “en el caso de la música, ha existido siempre, en todas las culturas y en todas las corrientes, sin que sea, por lo tanto, un invento del jazz o del blues; por supuesto, también en la época barroca y de una manera muy pronunciada”. En todo caso, considera que “la improvisación es un concepto absolutamente fundamental para cualquier músico que quiera hacer cualquier estilo musical, porque, aparte de leer la partitura e interpretar, le da las herramientas para conocer mejor a su instrumento. En definitiva, mejora muchísimo la relación entre el músico y el instrumento, ya que, a veces, con el estudio exagerado de las técnicas, desaparece esa relación. Al improvisar, la música te obliga a escucharte, a darte cuenta cómo suenas, qué es lo que quieres decir, y todo eso lleva a un proceso de profundización. Y, al final, el que sabe improvisar se siente más importante dentro de la música”.

Lo ha visto muchas veces, sobre todo, en los seminarios de iniciación a la improvisación para alumnos de todas las edades desde los 10 años y con gran mezcla de niveles y de personalidades, que, desde hace muchos años, viene impartiendo, primero en Gijón, donde ya lleva 15 años, y, más tarde, en muchas otras ciudades españolas. En esos cursos se ha encontrado con alumnos que por el hecho de no haber aprendido a improvisar, se ven limitados y se sienten angustiados. “Quieren aprender a improvisar, pero no se atreven, cuando improvisar es muy sencillo, se puede hacer con dos notas. La improvisación es la creación; es comparable a la composición, con las ventajas e inconvenientes de hacerse en tiempo real. Por tanto, pueden salir cosas peores que a un compositor, que puede rectificar, pero también pueden salir cosas, sobre todo emocionalmente, más interesantes y más puras”. Además, añade, “en un mundo en el que estamos acostumbrados a que nos lo den todo hecho, la improvisación tiene mucho que ver con la autoestima, ayuda a mejorarla, porque, en realidad, nadie puede decir que has improvisado mal”.

Andreas Prittwitz (Foto: Manuel Engo)


Andreas nos confiesa que no sabe decir que no a ningún nuevo reto, ha trabajado en el cine con dos papeles en “Ardilla roja” y en “El vivo retrato”, esta última con Victoria Abril, aunque, se ríe, “lo cierto es que no se me da bien”, y nada más llegar a España con su formación musical clásica en forma de flauta de pico, “que fue mi primer instrumento”, debajo del brazo, aquí empezó a tocar el clarinete y el saxo y a meterse en el mundo del jazz. Enseguida, le descubrieron Luis Eduardo Aute y Javier Krahe, sólo algunos de los nombres más conocidos de la música española con los que ha trabajado, especialmente cantautores y rockeros. “Me gusta muchísimo picotear de todos los estilos, porque me lo puedo permitir y así no me aburro. Tengo una capacidad de adaptación muy grande”. Toda una declaración de principios para un artista más que consagrado, pero cuya mirada anuncia que su pasión por lo que hace aún tiene que dar muchos frutos.

Por el momento, nada como aprovechar una de estas noches para acudir al Café Central de la madrileña Plaza del Ángel para conocer su cosecha de esta temporada, adquirir su último disco “Looking back over the Baroque”, y visitar su página web www.lookingback.eu

No se arrepentirán.



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