crisis en el mundo árabe
La interminable transición democrática en Marruecos
jueves 07 de abril de 2011, 16:06h
Mohamed VI ha propuesto el 9 de marzo introducir enmiendas a la Constitucion. El debate esta en marcha. Partidarios y detractores de la monarquia y del sistema autarquico imperante se enfrentan en cuantyo al alcance de los cambios anunciados. Los manifestantes del Movimiento 20 de Febrero lo consideran engañoso e insuficiente.
Una de las reivindicaciones populares más sentidas por las decenas de miles de ciudadanos que vienen invadiendo calles y plazas desde el mes de febrero en Marruecos, es la lucha sin cuartel contra la corrupción. Las organizaciones internacionales lo consideran un problema endémico y una gangrena que corroe la Administración del Estado.
Mientras que el recién nombrado Fiscal del Rey ante el Tribunal de Cuentas ha presentado once procedimientos judiciales por asuntos de corrupción que conciernen a pequeñas alcaldías y empresas públicas, el militante asociativo Chakib el Jiyari continúa en prisión cumpliendo la condena de tres años de carcel que le impuso el Tribunal de Casablanca. Jiyari denunció hace dos años la corrupción reinante en las altas esferas de la Gendarmería y de la oficialidad castrense, asi como en el cuerpo de aduanas.
Tras la oleada de manifestaciones populares, el rey Mohamed VI propuso el 9 de marzo introducir enmiendas en la Carta Magna. Para algunos fue un gran paso adelante; para otros, llega tarde y se queda corto. Los gobiernos de España, Francia y Estados Unidos aplaudieron la iniciativa real. Desde las filas de la oposición el diagnóstico sobre las intenciones reformadoras de la monarquía no es nada complaciente. Ayad Ahram, secretario general de la Asociación de Defensa de los derechos del hombre (ASDHOM) declara que “Francia sigue cometiendo con el pueblo marroquí el mismo error que ha hecho con el tunecino. No hay una “excepción marroquí”. Los anuncios de reformas son solo quimeras destinadas al extranjero”.
Usama el Jifi, uno de los jóvenes organizadores del Movimiento 20 de Febrero que ha hecho temblar al régimen, alega que “el discurso del Rey del 9 de marzo no ha respondido a nuestras esperanzas porque sólo propone retoques en la Constitución, lo que nosotros rechazamos”. En las manifestaciones que se suceden semanalmente en varias ciudades, se repiten carteles como “Abbas degage” (¡Abbas, marchate!), “Himma, degage”, Majiri, degage”, en alusion al primer Ministro Abbas el Fassi, al hombre fuerte en la sombra Fuad Ali el Himma compañero de pupitre del rey, y a Munir Majidi, el hombre a quien el rey ha delegado la mayor concentracion de poderes economicos del reino alauita.
El rey es sagrado
Nadie sabe si los retoques constitucionales van a afectar a los articulos 19 y 23 de la Carta Magna. El primero habla de la función del rey como Emir de los Creyentes, “garante de la perennidad y continuidad del Estado”, de “la independencia de la Nacion” y de sus “fronteras auténticas”, ademas de hacer respetar la Constitución, y “proteger los derechos y libertades de los ciudadanos”. En cuanto al artículo 23 reza simplemente que “la persona del rey es inviolable y sagrada”.
Ambos artículos son la piedra angular del sistema constitucional y político del reino de Marruecos. Si las reformas previstas no les afectan, se tratará lisa y llanamente de un cambio cosmético destinado a agilizar el funcionamiento del aparato estatal, a disminuir la pesadez de la Administración y a permitir una mayor intervención del gobierno y del Parlamento en la gestión de los asuntos públicos.
Sin embargo, algunas voces han puesto ya el dedo en la llaga y estiman que las reformas deben afectar a dichos artículos 19 y 23 de la Constitución. Mustafa Sehimi, profesor de derecho en la Universidad Mohamed V de Rabat, recuerda que el artículo que estipula el emirato islámico no estaba previsto en el primer proyecto de Constitución de 1962 elaborado por el padre del actual soberano Hassan II. Fue por instigacion de Abdelkrim el Jatib, un médico que participó activamente en la Resistencia marroquí a la colonización francesa, que se introdujo dicho concepto en recuerdo de la tradición del sultanato histórico en Marruecos. Y que por lo tanto es discutible. Opinión compartida por Abdelali Benamour que fundó la asociación Alternativas, y que cree que el rey debe guardar un papel de simple orientación en el tema religioso, pero que la funcion normativa debe ser confiada al colectivos de Ulemas o doctores de la ley islámica.
Por lo que respecta a los partidos políticos se encuentran fuertemente desorientados en relación al debate del artículo 19, y en general estiman que el rey debe preservar su estatuto de Emir de los Creyentes. Así lo ha declarado por ejemplo Abdelhadi Khairat, miembro del buró político del socialista USFP.
En cuanto al artículo 23, son muy pocos quienes se atreven a cuestionarlo. La única personalidad de relieve que directamente se opone al mismo es el jeque Abdesslam Yassin padre y fundador del movimiento islamista Justicia y Espiritualidad que ha participado activamente en las movilizaciones populares de las últimas semanas. Yassin considera una aberración rayando la herejía que existan en la Umma islámica “personas a las que se atribuye un caracter sagrado”. Su movimiento Adl Ual Ihsan ha hecho de este punto una reivindicación irrenunciable.
En la práctica el artículo 23 que dectreta sagrada la persona del Rey, significa que el mismo esta por encima de las Leyes, por encima de los tribunales, por encima de la Constitución y que no posee ninguna responsabilidad política. En una palabra el soberano marroquí hace y deshace sin rendir cuentas a nadie, lo que para algunos está en contradicción con el espíritu de las reformas propuestas por Mohamed VI.
Mecanismo bajo control
Mientras que desde la sociedad civil que ha iniciado las manifestaciones exigiendo reformas, se pide la formacion de una Asamblea constituyente plural y representativa que debata un cambio radical de la Constitución marroquí, en las instancias oficiales se ha adoptado un método mas cauto y continuista. El consejero real Mohamed Muatassim, está recibiendo a todos los partidos políticos legales para que estos le expliquen en 30 minutos sus proposiciones acerca de los cambios que deben introducirse en la Carta Magna. Después será la Comisión de la reforma instituida por el rey, la que se encargue de redactar el texto definitivo que será sometido a referéndum popular después del verano.
Un caso por lo menor curioso lo constituye la posición adoptada por algunos representantes del islamismo radical. Sorprendentemente en las manifestaciones populares de estas semanas han participado tambien los familiares de los presos del grupo de la “Salafiya yihadia”, entre los cuales se encuentran los imanes rebeldes Mohamed Fizazi, Ahmed Rafiki y Hassan Ketani. Desde su celda de la carcel de Tanger, Fizazi ha enviado un escrito en el que dice que Ahmed Herzenni, antiguo militante de la extrema izquierda marroquí que purgó muchos años de carcel y expresidente del oficial Consejo Consultivo de Derechos Humanos, les pidio que expusiesen claramente su posición sobre la monarquía marroquí. Fizazi relata que se reunieron en la carcel para adoptar una posición común y que el resultado es “Sí, a la monarquía; sí a las reformas, con el Rey y en el interior del régimen”.
La sociedad civil y la clase política marroquí se han visto sorprendidos por la propuesta formulada por el rey. A pesar de ser una reivindicación formulada desde los años 90 en particular por los partidos de la alianza Kutla, formada por socialistas, comnunistas, nacionalistas y demócratas radicales, las respuestas han sido tan desiguales como su actitud frente al movimiento reivindicativo de la sociedad.
Mustafa Ramid, un abogado muy activo en la defensa de los presos de conciencia y de los perseguidos políticos, y miembro de la dirección del partido islamista moderado PJD, se ha dejado ilusionar por la propuesta real que estima “puede conducir a una constitución democrática y una monarquía parlamentaria”, llegando incluso a creer que el Rey terminará por rendir cuentas ante las nuevas instituciones.
Una quimera que no comparte Abdelhamid Amin, lider de la Asociacion Marroqui de Derechos Humanos (AMDH) para quien el discurso es “parcial e insuficiente”. “Aun admitiendo – dice – que las reformas sean aplicadas, en la situación actual la Constitución seguirá siendo majzeniana”, es decir bajo control de Palacio.
En términos parecidos se expresa Omar Iharchan del movimiento islamista seguidor del jeque Yassin. Para este intelectual “los manifestantes de las últimas semanas han lanzado claras reivindicaciones: la lucha contra el despotismo y la corrupción, la separación de poderes, una nueva Constitución y la separación de la política y los negocios”. Para él, el discurso como mínimo llega tarde.
En cuanto al representante de la corriente berberista amazigue, Ahmed Assid, es mas concreto: “Si el discurso del rey se hubiese hecho a su llegada al trono en 1999, habría sido considerado como revolucionario. Hoy ya no lo es. Es un mero cambio en la continuidad”.
No faltan sin embargo las voces de los que ensalzan la clarividencia real y la voluntad reformadora de Mohamed VI. Como Samir Abulkassim, experto en movimientos islamistas, que llega a decir que la propuesta del 9 de marzo significa “un nuevo contrato entre la monarquía y el pueblo”, recordando el realizado por el abuelo del actual monarca Mohamed V en los años 40, por el que el movimiento nacionalista por entonces revolucionario pacto con el Sultán una alianza para llevar a cabo la resistencia anticolonial que condujo a la independencia de Marruecos en 1956.
El rey de Marruecos ha sorprendido a propios y ajenos con la propuesta. La cuestión es de saber si efectivcamente llega tarde o aún hay tiempo de desactivar la bomba de relojeria que significa un país viviendo bajo estructuras feudales y patriarcales impregnadas de modernidad. El movimiento asociativo ha llamado a una nueva manifestación el proximo 17 de abril. Será decisiva para elucidar el alcance de los cambios.