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reseña

Paul Auster: Sunset Park

sábado 16 de abril de 2011, 00:48h
Paul Auster: Sunset Park. Traducción de Benito Gómez Ibáñez. Anagrama. Barcelona, 2010. 288 páginas. 18,50 €
Sunset Park es un producto cien por cien Paul Auster. El último trabajo del prolífico escritor estadounidense toma el título de la zona del barrio neoyorquino donde su protagonista, Miles Heller, vivirá parte de la peripecia que recoge la novela. Sunset Park es también el destino de cuatro personajes cuyas peripecias y relaciones humanas dan pie al relato de las historias de vidas circundantes. Sunset Park solo es el cruce de caminos, la casualidad tangente en sus biografías.

A los 28 años, Heller se nos presenta como un joven marcado por un fortuito accidente de consecuencias fatales tres lustros atrás. La casualidad trunca su desarrollo y transforma su vida de americano acomodado a individuo errante y sin pretensiones. Huye del drama y abandona a su padre, Morris Heller y a su madrastra, Willa Parks, víctimas por partida doble del suceso. Solo el amor recíproco entre Miles y una joven menor de edad, Pilar Sánchez, conseguirá que el protagonista afronte un proyecto de futuro y, de alguna manera, que regrese a encontrar el perdón familiar. De Florida a Nueva York, donde le espera Sunset Park. Allí será el cuarto ocupante de una casa abandonada junto al único amigo con el que mantiene el contacto en sus siete años de ausencia, Bing Nathan, y dos chicas, Ellen Brice y Alice Bergstrom, embebidas en la búsqueda de una salida a sus propias obsesiones.

Lo curioso de esta novela, donde el orden del universo es siempre un manifiesto caos, es que el último acontecimiento sí responde a las leyes de la causalidad. El devenir de los ocupantes de Sunset Park era previsible. En este caso, carambola y fundamento acarrean la toma de direcciones y caminos. Para Miles, la conclusión es que el futuro es insondable y la respuesta es vivir solo de cara al presente. Para su padre, en cualquier caso, el personaje que entiende el sufrimiento de su hijo y de su esposa y que suma esos sufrimientos a su propio sufrir, la única forma de seguir adelante es admitir, asumir y acarrear las consecuencias de lo que acontece, aunque procedan del azar, lo súbito y lo accidental. Genuino Auster, en fin, como demuestran otros pequeños componentes que intervienen en la narración, tal que el béisbol –interés común paterno-filial de los Heller– o el mundo del cine, a través de la madre de Miles y ex esposa de Morris, la actriz Mary-Lee Swan.

El resultado es una novela de lectura ágil donde ningún personaje es héroe ni villano premeditado y que conduce a una nueva reflexión sobre la suerte en la vida, que bien se resume una frase de la misma: “Solo otra jugada de dados, entonces, otra bola que ha salido del negro bombo metálico, otra chiripa en un mundo de casualidades y eterno caos”.

Por Azmara Calleja
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