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La solvencia española

martes 19 de abril de 2011, 00:53h
En un mundo global como el actual, en el que todo está interconectado, nadie puede sustraerse al peligro de que los problemas y circunstancias de los demás países afecten a la suyas. Desde que se instauró el término PIGS –Portugal, Irlanda, Grecia y España- para referirse a los países periféricos y a las economías más débiles de Europa, todo lo que acontezca en cualquiera de ellos y, en general, en la economía mundial hace que nuestros cimientos se tambaleen.

Y así, la noticia cuestionando que Grecia sea pagar su rescate y el posible veto de Finlandia al rescate de Portugal, tras el giro político dado el pasado domingo, han puesto en duda la solvencia de nuestra economía, aumentando hasta los 223 puntos básicos el nivel de nuestra deuda. El interés de nuestra deuda ha alcanzado el 5,482%, siendo el más alto desde 1999. Además, el diferencial entre el interés del bono español a 10 años y del 'bund' alemán, cuya rentabilidad ronda el 3,33%, se ha disparado desde los 171 puntos básicos que alcanzó la pasada semana a más de 220 puntos. El Ibex 35 también se ha visto afectado por la advertencia de S&P a Estados Unidos sobre una posible rebaja de su calificación, perdiendo un 2%.

La espectacular subida del partido ultraderechista finlandés hasta convertirse en la tercera fuerza más votada del país, ha puesto en candelero un euroescepticismo, cada vez está más arraigado entre la población europea -algo que en tiempos de crisis resulta hasta comprensible. Sin embargo, las ramas no pueden impedirnos ver el bosque y hay que reconocer que una Europa fuerte y unida es lo único que puede garantizar un futuro solvente a todos los países que la componen.

Por esto, no hay que dejarse llevar por el tremendismo y el pesimismo que, como está comprobado, sólo ayudan a asustar a los mercados en un delicado momento en el que una crisis de confianza podría ser fatal para nuestra economía. En este sentido, declaraciones como la del ex presidente José María Aznar en la Universidad de Columbia poniendo en duda la capacidad española para pagar su deuda –aún cuando sacadas de su contexto académico, como ha sido el caso- quizá no lleguen en el momento más oportuno. Con todo, no es el mensajero el responsable del desbarajuste económico que nos aqueja, si no sus ejecutores. En este sentido, debe aceptarse que la tarea de una oposición seria y solvente consiste precisamente en denunciar los excesos y fallos del Gobierno de turno, si bien también parece razonable comprender que, en momentos como el actual y en ciertos temas tan sensibles como el de la solvencia española de cara al exterior, debemos todos procurar andar con pies de plomo.
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