Políticas migratorias compartidas
martes 19 de abril de 2011, 00:55h
Aunque la Comisión Europea haya declarado que Francia tenía derecho a suspender temporalmente el servicio ferroviario con Italia para evitar la entrada de inmigrantes, lo cierto es que la acción francesa del pasado domingo sienta un preocupante precedente. No hay que ser alarmista ni parece que esto signifique el fin del acuerdo Schegen –por el que se permite la libre circulación de los ciudadanos europeos sin pasar por controles fronterizos-. Pero si es necesario fijarse en lo que trae de fondo: la necesidad de que los países asuman que estar dentro de la Unión Europea requiere ser fiel a ciertos compromisos, cosa en la que han fallado tanto Francia, cerrando las fronteras, como Italia, tomando medidas irresponsables en inmigración, sin pensar en la repercusión que estas tienen en otros países. Y es que la disputa entre París y Roma viene de lejos, desde que el Gobierno italiano decidió conceder permisos temporales de residencia a aquellos inmigrantes de Túnez que, bajo el epígrafe de económicos, llegaran al país antes del 5 de abril, desoyendo las quejas de Francia.
Aun A pesar de que se puedan entender e incluso compartir las razones francesas, no parece lícito abrir y cerrar fronteras de forma arbitraria. Resulta cuanto menos poco coherente con la filosofía europea. Dicho esto, también es cierto que, por la misma razón, los países europeos deben evitar llevar a cabo políticas irresponsables y populistas en temas tan sensibles como la inmigración. Si siempre es discutible abrir las puertas indiscriminadamente sin saber cómo gestionar luego a los inmigrantes que entran en un país, más lo es cuando esa entrada afecta al resto de la Unión. Es comprensible que Francia no quiera hacerse cargo de la irresponsabilidad italiana. El propio Zapatero se llevó en su día un rapapolvo de Francia cuando puso en marcha las regulaciones masivas de inmigrantes indocumentados.
Si u Un país forma parte de la Unión Europa debe hacerlo con todas las de la ley y asumiendo los pros y los contras de esta decisión. Y por ello, se antoja conveniente que los países de la UE consensuen unos puntos de acuerdo mínimos sobre inmigración para evitar desencuentros que provoquen situaciones absurdas como la del domingo. De todo este despropósito a cuenta de la inmigración –y de la resaca electoral que está provocando- los políticos europeos deberían reflexionar sobre la necesidad de coordinar determinadas políticas comunes y moderar arranques demagógicos que luego la realidad devuelve en forma de culatazos indeseables.