El atletismo español ha proporcionado buena parte de las alegrías que nuestro deporte ha disfrutado en las últimas décadas. Sin embargo, el ambiente entre los atletas nacionales se ha enrarecido debido a la mancha que ha supuesto la “Operación galgo”, el baremo aplicado en la nacionalización de deportistas extranjeros y la grave crisis económica que sufren los clubes y carreras domésticas. El Imparcial ha consultado a destacados representantes del atletismo para conocer la salud de este deporte en España tras la tempestad sufrida en lo que va de año.
Los
Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona en 1992 supusieron el ascenso definitivo del atletismo patrio a la gloria del deporte mundial. La delegación nacional consiguió conquistar
13 medallas de oro para alcanzar un total de 22 entorchados. Aquella hazaña marcó el inicio de las dos mejores décadas para España. Atletas como
Fermín Cacho, Martín Fiz, Abel Antón, Isaac Viciosa o Reyes Estévez abrieron el camino de las grandes citas y guardaron un lugar en el olimpo a los competidores de este país. Tras el espectacular comienzo, los éxitos no tardaron en llegar, confirmando el dominio español en algunas disciplinas como los 5.000 metros, el 1.500 o los 20 kilómetros marcha.
Pero no era una labor sencilla el mantener la inercia ganadora que se alcanzó en los 90. Con el nuevo siglo, decayó la frecuencia triunfadora de nuestros atletas y surgieron los primeros casos de dopaje que afectaban a algunos de los mejores deportivas -
Juanito Mulleg o Paquillo Fernández-. La cantera española, de gran calidad, no conseguía competir en igualdad de condiciones con la élite del atletismo mundial y el número de medallas descendió de manera significativa. La lucha diaria de cientos de corredores, saltadores, fondistas o lanzadores no obtenía la recompensa deseada en las grandes citas y, además, la sombra del dopaje comenzaba a salpicar la imagen del colectivo atlético.
Este es el paisaje con el que convivían las estructuras organizativas y los profesionales del atletismo en nuestro país antes de la “
Operación galgo”. A finales de 2010, se destapó la mayor investigación hasta la fecha que relacionara el dopaje con atletas en España. Entre los detenidos, figuraban
Marta Domínguez -representante mundial de nuestro deporte y excelsa corredora de fondo-,
Eufemiano Fuentes –médico también implicado en la “
Operación Puerto”- y el entrenador
Manuel Pascua. La publicación de esta operación asestó un duro golpe al seno del atletismo nacional. Atletas de todo el territorio nacional criticaron a los compañeros que estuvieran relacionados con la trama del dopaje y las fisuras entre compatriotas cada vez eran más evidentes.
Sergio Sánchez, subcampeón mundial de 3.000 metros en pista cubierta, atacó el sistema de asignación de las becas ADO y, además, criticó a Jaime Lissavetzky y la nacionalización del corredor Bezabeh Alemayehu: “
Le pegaré un tortazo con la medalla en toda la cara y le diré que todo esto lo he conseguido gracias a la ayuda de mierda que me has dado, que es nada. Aquí tienes la medalla de un español nacido en España, blanco como la leche”. Por otro lado, la tensión subió de temperatura al relacionarse a la subcampeona de Europa de 1.500 Nuria Fernández con la red de dopaje.
Isabel Macías, quinta en aquella competición declaró tras la carrera que “
Nuria para mi es como si fuera una extranjera”. Esta explosión supuso el final de una serie de desavenencias públicas entre las compañeras de selección.
Los atletas españoles siguen cosechando medallas en campeonatos de toda índole. Pero, ¿por qué se ha enrarecido el ambiente hasta estos límites?
El Imparcial ha consultado con el
Consejo Superior de Deportes para conocer la realidad del atletismo nacional. Desde el órgano gestor nos describen el panorama español acuciado por un problema primordial, la falta de relevo generacional: “
La mayoría del equipo nacional está compuesto por los mismos atletas que en 2001 estaban en plena madurez, consiguiendo para él los mejores resultados del atletismo español y, con el paso del tiempo, el combinado se ha ido envejeciendo sin que llegara un relevo generacional”.
Ante las declaraciones explosivas de algunos deportistas, el CSD nos argumenta que es “
saludable para este deporte que la parte más importante de la cadena que compone este colectivo,
atletas y entrenadores, haya rechazado sin ambigüedades el dopaje”. Además, entienden que “en un colectivo tan amplio y diverso es difícil que no hayan desavenencias”.

Los resultados deportivos son contrastados en las competiciones que sistemáticamente se disputan en el calendario internacional y doméstico. La realidad económica del atletismo español no es tan pública y notoria. Para comprender la situación que viven los atletas y los clubes nacionales, El Imparcial ha consultado con el representante de los atletas en la
Asociación de Deportistas Españoles, Pablo Villalobos. El dirigente nos describe el reparto de ingresos que perciben los atletas nacionales: "tienen una gran
dependencia de la selección española, ya que, por una parte, reciben ayudas de la Real Federación Española de Atletismo –subvenciones del Consejo Superior de Deportes y becas ADO-,
y, por otra parte, reciben ingresos de los clubes y de las competiciones en las que participan”. En esta distribución, más o menos equitativa, Villalobos nos explica que los deportistas de medio fondo y fondo son “privilegiados” debido a que los patrocinadores apuestan más por ellos, aunque se ha experimentado un descenso notable en la apuesta de los sponsors privados. “
Las marcas apuestan cada vez menos y con apuestas más débiles, ya que antes tenían siete atletas por marca y ahora solo tienen dos o tres muy destacados, el resto recibe ayudas de material deportivo y bonos económicos si consigue resultados”, relata el representante de los atletas.
La realidad del atleta queda supeditada a encontrar un club que le proteja y le otorgue la posibilidad de participar en competiciones, amén de un estipendio. Sin embargo, Villalobos nos explica que “
hay poco profesionalismo en los clubes y pocos tienen un patrocinador detrás que pueda ofrecer un buen contrato al deportista”. Para conocer la situación de los clubes de atletismo hemos acudido a uno de los equipos más prestigiosos del panorama nacional, el
Club de Atletismo Guadalajara, que cuenta con el campeón nacional de 10.000,
Ricardo Serrano. Su presidente,
Jesús Peinado Cros, nos relata una experiencia que, según su opinión, define el paisaje actual del atletismo nacional: “
nosotros hemos participado y ganado la media maratón de Motril hace más de un año, en la que había un premio de 500 euros, y todavía no nos lo han pagado”. El dirigente y entrenador de atletas nos explica que “
es necesaria una profesionalización de la organización en las carreras para que funcione con mayor seriedad”.Para el experimentado profesional del atletismo, uno de los mayores problemas de este deporte en nuestro país es que los clubes “
se gestionan gracias al dinero de las diputaciones”, ya que la presencia de los patrocinadores privados es “nula”. “
Es un salto al vacío porque no es fácil encontrar un futuro en el atletismo”, así define Peinado esta disciplina deportiva. Además, el entrenador nos aporta su visión sobre otro elemento polémico, las nacionalizaciones de atletas: “Yo tengo atletas extranjeros desde que eran cadetes y están nacionalizados y se comunican con sus compañeros, pero
otra cosa son los nacionalizados que llevan un año aquí y se nacionalizan de forma express”. 
En esa misma línea se pronuncia uno de los atletas históricos que siguen en activo,
Jesús Ángel García Bragado. El marchador, que ha participado en cinco Juegos Olímpicos, nos indica que “
con algunos nacionalizados ni siquiera reparas que en otro tiempo competían por otro país, pero a otros solo los relacionas porque llevan el mismo chándal que tú”. Para García Bragado, los duros comentarios que han realizado atletas como
Chema Martínez en torno a los presuntos casos de dopaje “
han generado un ambiente tan poco beneficioso como el propio dopaje”.“
Si realmente queremos luchar contra el dopaje, creo que dos años de sanción es poco tiempo y la pena debería acarrear duras sanciones económicas”. Así nos declara su postura el prestigioso
representante de atletas, Juan Alberto de Armas. Para el agente de deportistas como el lanzador de peso Manolo Martínez, es necesario un endurecimiento en la sanción al atleta dopado. De Armas nos explica, además, que “
la Federación Española de Atletismo no apoya a la clase media como debiera, y es de ese grupo de donde salen los súper-élite”.El atletismo español no atraviesa por su mejor momento. Los profesionales consultados nos vaticinan que “
después de los Juegos Olímpicos de Londres se habrá acabado el ciclo ganador” -Villalobos-. Otro apuntan a la necesidad de “
disfrutar de una gran figura” que atraiga la atención -Jesús Peinado- aunque diagnostican la salud de nuestro atletismo como “
la de una persona mayor que se encuentra bien pero con claros síntomas de agotamiento” -García Bragado-. El futuro dispondrá el éxito o fracaso de nuestros atletas y sistemas de gestión, pero en el presente seguimos disfrutando con triunfos de deportistas españoles en mundiales, europeos y, esperemos, en Juegos Olímpicos.