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La muerte de Bin Laden

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 07 de mayo de 2011, 21:01h
Era lo que faltaba en el mundo islámico; mejor dicho: era lo que faltaba en el mundo entero. Por si el ciclo de revueltas en Oriente Medio y el Norte de África no fuese suficiente, un comando estadounidense ha matado a Osama Bin Laden esta semana en su casa de Pakistán. Aún hay muchos rumores sobre la operación pero se confirma que el líder terrorista no volverá a cometer ni ordenar atentados.
No seré yo quien llore su muerte ni creo que lo hagan los miles de musulmanes, judíos, cristianos –por citar algunas confesiones- a quienes mató este asesino que pretendía ser un guerrero cuando sólo era un criminal. Ojalá Bin Laden hubiese tenido un juicio justo pero ojalá –digámoslo con fuerza- jamás hubiese caminado semejante pesadilla sobre este planeta. No celebro su muerte, pero desde luego tampoco la lamento.

Nadie sabe qué sucederá tras la muerte del fundador de Al Qaeda, pero sí es claro que sus seguidores seguirán sembrando muertos, heridos y terror por doquier. Sin embargo, hay indicios de que empiezan a perder la batalla. Las revueltas en los distintos países islámicos que se vienen sucediendo desde comienzos de año piden más democracia y derechos humanos. Los islamistas se han tenido que subir al carro pero no han liderado los movimientos. Hay que ver si los controlarán cuando se estabilicen los panoramas políticos en Túnez y Egipto. En Libia hay una guerra civil con Occidente cada vez más confuso tratando de ayudar a unos sin hacer demasiado daño a otros. Gadafi resiste sin perder mientras los rebeldes aguantan sin ganar. En Siria la represión va en aumento. He aquí la lección de Irán con sus opositores: Occidente tolera la represión si garantiza la estabilidad de la región. Yemen y Bahreim son dos polvorines que tratan de reconducir los movimientos de rebelión. A Mubarak las cosas se le presentan cada vez peor: la corrupción del pasado ha vuelto como el fantasma de Cuento de Navidad. En Turquía se va conformando una oposición a Erdogan que crece y se reorganiza frente al Gobierno.

El yihadismo podría ser cuestionado con una fuerza cada vez mayor en el seno de las propias sociedades islámicas. Los mismos que lamentan la muerte de Bin Laden en cuanto musulmán condenan sus métodos como terrorista. No es que la yihad se deslegitime como institución sino que se constata el agotamiento del modelo terrorista. Los movimientos críticos son minoritarios pero lideran los cambios por el momento. No obstante, hay que matizar y hacer distinciones entre los movimientos. Entre los islamistas hay gente que condena la violencia terrorista pero también se cuentan nostálgicos de Afganistán e Irak que prefieren el bombazo al activismo político. Los talibán son caso aparte: sus vínculos con Al Qaeda fueron reales pero tenues y están muy alejados de los debates que se suscitan en las sociedades árabes y magrebíes –más desarrolladas- sobre derechos humanos, integración de la mujer, democracia, etc. En Irán la oposición sufre la violencia, no la ejerce.

Así, la muerte de Bin Laden podría interpretarse como la conclusión de un periodo fallido: el del yihadismo como solución a los problemas del mundo islámico. Seguirá habiendo terrorismo yihadista, pero su propaganda tendrá que recurrir a un discurso alternativo que desactive los movimientos reformistas que se están produciendo.

Habrá que ver si al final Facebook y Twitter van a ser más revolucionarios que las bombas y los suicidas.

Ojalá.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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