Reflexiones sobre Al Qaeda
domingo 08 de mayo de 2011, 09:10h
La muerte de Osama Ben Laden ha sido un torpedo en la línea de flotación del terrorismo islámico, pero no lo ha hundido en absoluto. De hecho, Al Qaeda destaca tanto por su capacidad operativa como por su autonomía, por más que haya perdido a su pieza más importante. A propósito de dicha autonomía, hay que señalar que las diversas franquicias que la organización terrorista tiene diseminadas por todo el mundo árabe -Somalia, norte de Africa, Irak- siguen intactas y, lo que es peor, ahora con una “motivación” aún mayor. Eso es aplicable a las distintas células, durmientes o no, que aguardan en Occidente su oportunidad para seguir sembrando el terror.
Al Qaeda no es el Islam, ni representa al Islam, ni la inmensa mayoría de musulmanes se sienten representados por semejante horda de criminales. Antes al contrario, gran parte de las muertes violentas que ha habido en los distintos atentados suicidas de Irak, Afganistán y Pakistán han sido obra de la organización de Ben Laden. Y casi todas las personas asesinadas en dichos atentados eran musulmanas. Como musulmanes había entre las víctimas mortales de los atentados de Nueva York, Madrid y Londres. Todo lo cual nos debe llevar a una única conclusión: Al Qaeda no defiende los derechos de nadie; simplemente mata de forma indiscriminada. Las injusticias en el mundo árabe, la política exterior norteamericana o la causa palestina nada tienen que ver con la estela de unos fanáticos que sólo creen en la muerte. El día que la comunidad musulmana pregone este mensaje a los cuatro vientos, el terrorismo sufrirá una derrota casi definitiva.