El déficit histórico de Castilla-la Mancha
Martín-Miguel Rubio Esteban
sábado 18 de junio de 2011, 20:50h
Podemos afirmar que los primeros vestigios de poblamiento humano de la Península Ibérica se remontan a algo más de un millón de años aproximadamente, pero en Castilla-La Mancha no tenemos testimonios de ocupación humana anterior a mediados del Pleistoceno Medio, es decir, hace medio millón de años.
En el año 192 a. C., tras un largo asedio con tres legiones ( 18.000 hombres ), Fulvio Nobilior tomó la ciudad de Toledo ( parva urbs erat, sed loco munito ). Para ello tuvo que aniquilar a los ejemplares mejores de entre los vettones y oretanos, dejando sólo sobrevivir a los portadores de los genes más serviles.
Los bárbaros saquean Castilla-La Mancha entre el 411 y el 456. Los saqueos y la devastación sistemática fueron protagonizados por alanos, vándalos silingos, vándalos asdingos y suevos. Tras la devastación de estos bárbaros, Hidacio nos cometa en su Chronicon: “Se ceba el hambre tanto que fueron devoradas carnes humanas por los hombres”.
Cuando llegó a Toledo el príncipe Abd al-Rahman, hijo del emir al-Hakam, se aposentó en el alcázar e invitó a los de Toledo a un banquete. A los invitados se les dijo que entraran por una puerta y salieran por otra situada al otro extremo del palacio; pero nada más entrar se encontraban con unos verdugos, que estaban escondidos y dispuestos para cortarles las cabezas y arrojarlas al foso. Así fueron ejecutados unos cinco mil trescientos y pico toledanos, hasta que un médico se percató de que todos entraban, pero nadie salía por la otra puerta del alcázar, advirtiendo de ello a los que aguardaban para entrar, con lo que consiguió que salvaran sus vidas. Ya no volvieron a sublevarse los toledanos contra los musulmanes.
Antes de que los Reyes Católicos expulsasen a los judíos en 1492, desenterrando la inquina racista de Pero Sarmiento y Álvaro de Luna, se produjo el conflicto de la villa toledana de La Guardia, en donde se dijo, sin ningún fundamento, que los judíos de la zona habían cometido un sacrificio ritual, creando así la leyenda del Santo Niño de La Guardia, ¡cuya imagen continúa siendo venerada en la actualidad!.
Será el Ayuntamiento de Toledo ( 16 de abril de 1520 ) el primero en clamar contra las impopulares medidas de los consejeros flamencos de Carlos I. Capitaneados por don Juan de Padilla, pretendiente a maestre de la orden de Santiago, y con el apoyo de los Ávalos, Ayala o Gaytán, declara su abierta oposición a todo aquellos que menoscabe los privilegios y libertades de Castilla y sus Cortes. Comienza la rebelión de las Comunidades. Derrotados los comuneros el 23 de abril de 1521 y ajusticiados Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, la rebelión se va extinguiendo. Sólo la intrépida viuda de Padilla, doña María de Pacheco, la “Leona de Castilla” mantiene la bandera de los derechos de las Comunidades durante cinco meses. Al fin, Toledo es bombardeada de forma despiadada por la artillería real, y los comuneros toledanos capitulan honrosamente ante los imperiales el 25 de octubre de 1521. Toledo, Albacete, Hellín, Tobarra, La Roda, Villarrobledo, y otras ciudades pierden todas sus libertades tradicionales.
Antes del estallido de la Guerra de la Independencia, había una larga tradición en Castilla-La Mancha de motines por hambre. En mayo de 1802 se desencadenaron motines por hambre en una larga lista de pueblos, desde Mora, Tembleque, Madridejos, Mascaraque, Villamuelas, Villanueva de Bogas y Herencia hasta Manzanares. En 1804 el hambre mató a la mitad de los habitantes de Turleque, concretamente 452 personas. El hambre también se combatía con el bandolerismo. Y esas partidas o cuadrillas de bandoleros que ya eran una pandemia social por distintas comarcas de La Mancha fueron transformadas por decreto de la Junta Central, de finales, de 1808, en partidas de patriotas siempre que atacasen a los franceses. Así, el botín logrado sería legal siempre que fuera de los franceses. El Borbón transformó a los ladrones y salteadores de caminos que con sus acciones trataban de salvar del hambre a sus hijos en héroes de la Guerra de la Independencia. Es así que no fue un movimiento espontáneo o popular el de la guerrilla, sino una organización inducida desde arriba aprovechando la práctica de los salteadores, bandoleros y contrabandistas.
El primer grito a favor del carlismo se produjo en Castilla-La Mancha. Sólo dos días después de la muerte de Fernando VII, un funcionario de correos y un grupo de voluntarios realistas de Talavera de la Reina proclaman a don Carlos como rey legítimo de España. La base social del carlismo manchego procedía del campesinado, cansado de pesadas contribuciones y agotado económicamente por una crisis que prácticamente duraba desde la Guerra de la Independencia. El apoyo campesino le confirió al carlismo castellano-manchego un carácter esencialmente rural. La miseria de los militantes carlistas hacen que el carlismo parezca un movimiento de resistencia anticapitalista, en conexión con el bandolerismo castellano-manchego.
La nueva burguesía agraria que surge de la bárbaras desamortizaciones de Mendizábal y Pascual Madoz está compuesta por la gran burguesía madileña y vasca, repartiéndose sólo migajas a los castellano-manchegos. Sólo el 7% de la población total poseía en 1882 alguna parcela de tierra.
Si, por una parte, el ferrocarril enriqueció de modo exponencial a la gran burguesía foránea, que había invertido en los vinos y alcoholes demandados por los mercados mundiales tras la crisis de la filoxera francesa, arrasó por completo la agricultura del cereal al inundarse la región de cereal extranjero mucho más barato que entraba desde los puertos de Alicante y Valencia. El siglo XX comenzaría con hambre de pan.
Leyendo las andanzas de Azorín por estas tierras en la Ruta de Don Quijote (1905), libro con el que el gran escritor alicantino celebraba el Tercer Centenario de la publicación de la Primera Parte del Quijote, vemos una Mancha detenida en el tiempo, expectante, una tierra donde apenas los trescientos años centenarios habían dejado huella. “En tres siglos es bien poco lo que se ha adelantado”, escribía en su conmemoración de la publicación del Quijote. Aprecia un aire de inmovilidad, de reposo profundo; y, lo que es peor, “hay una indiferencia, una resignación, un abandono…” Naturalmente que con este desamparo y modorra social la IIª República tuvo que ser recibida con euforia e ilusionada esperanza por un pueblo analfabeto el un 70%.
La represión roja entre julio y diciembre de 1936 causó 12.000 muertos, entre los que cabe destacar los religiosos bárbaramente torturados y amputados antes de ser fusilados, y miles de creyentes.
La represión franquista se llevó por delante a 7.400 castellano-manchegos, y como mínimo 30.000 personas pasaron por las diferentes cárceles de la región, lo que equivale a que 16 habitantes de cada mil visitaron el universo penitenciario franquista. Por otro lado, el campo manchego vivió una situación de paro estructural que provocó un fuerte éxodo rural y un más que considerable movimiento migratorio hacia Madrid, Levante, País Vasco o Cataluña y, con el tiempo, hacia algunos países europeos. No en vano, entre 1950 y 1991, la población activa castellano-manchega descendió en 124.000 personas.
Desde el ucedista Gonzalo Payo Subiza hasta José María Barreda Fontes, y a partir de ahora, Mª Dolores de Cospedal, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ( de la que Guadalajara no quiso al principio pertenecer ) ha intentado con esfuerzos titánicos cubrir estos déficits que hemos señalado y mejorar de forma fulgurante las condiciones de vida de todos los castellano-manchegos. Era casi seguro que este ciclópeo esfuerzo público tuviera que conllevar una espantosa deuda, máxime en el marco de la más grave crisis económica desde los años 30. A la flamante Mª Dolores de Cospedal le queda ahora plantear el principio constitucional que establezca que las capacidades económicas de actuación de las distintas comunidades autónomas deberán estar presididas por el principio de solidaridad interterritorial.
Bajo Bono Castilla-la Mancha, habiendo sido clasificada como “Objetivo 1” – entre las diez regiones más pobres del ámbito comunitario – percibió ingentes cantidades de dinero procedentes de los fondos estructurales, sumas que han servido para “europeizar” el aspecto de la Comunidad. Pero ahora ya no está clasificada así, ni Europa tiene el pulmón de entonces. Y Mª Dolores de Cospedal tendrá que volver a lidiar con el déficit, que ha presidido la Historia de esta región. Le deseamos todo el éxito del mundo.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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