La Constitución anunciada por Mohamed VI no satisface
La Constitución de Mohamed VI pasa este domingo su primer examen
domingo 19 de junio de 2011, 17:30h
Los jóvenes marroquíes del Movimiento 20 de Febrero han mantenido para este domingo su convocatoria de manifestaciones en el país. La Constitución anunciada este viernes por el rey Mohamed VI no les satisface. El primer examen de la popularidad de la Carta Magna se hará en las calles.
Para los activistas de las redes sociales el proyecto de la nueva Ley fundamental se queda corto. Pasa de “la monarquía absoluta” que ha reinado en Marruecos hasta hoy, a una “monarquía constitucional” que sentará sus bases en la legitimidad que le confiere la nueva Constitución. Pero queda muy lejos de “la monarquía parlamentaria” a la que los jóvenes aspiran.
En segundo lugar, en el discurso del Rey se ha mencionado muy de pasada el grave problema de la corrupción que gangrena el aparato del Estado y su Administración. El Movimiento 20-F había hecho de la lucha contra el nepotismo, el favoritismo y la corrupción una palanca de sus protestas, señalando directamente al entorno del monarca, sus amigos de colegio y otros cortesanos, que utilizaban su proximidad con el Rey para hacer negocios, ofrecer prebendas y colocar a sus familiares en puestos exageradamente remunerados.
En tercer lugar, el soberano ha sido categórico: todos los puestos sensibles del aparato de la seguridad, de los servicios secretos y de las Fuerzas Armadas Reales, los nombra el directamente, y no rendirán cuentas ante nadie. Los jóvenes en protesta exigían que el Parlamento auditase a los responsables de la seguridad. El rey los ha blindado.
Por estas razones, las demostraciones de este domingo serán el primer voto popular sobre la Constitución. El segundo se producirá el 1º de Julio en Referéndum. Algunos partidos y movimientos ya han avanzado que pedirán la abstención o el voto en blanco. Otros, como la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) se resignan porque esperaban más. Unas horas antes de conocerse el discurso real, Dris Lachgar, ministro del actual gobierno y miembro del Buró Político de la USFP, declaraba: “Lo que nosotros queremos es una monarquía parlamentaria, democrática y social”, lo que por el momento ha quedado lejos. Además Lachgar precisaba: “ello supone que el primer Ministro se convierta en el Jefe efectivo del poder Ejecutivo”, lo que tampoco se ha cumplido.
La nueva Constitución mantiene la ambigüedad funcional entre el “Consejo de Ministros” que preside el Rey, y el “Consejo de Gobierno” del que el futuro responsable será el Presidente del gobierno. El primero es el que sanciona las leyes, los proyectos y los convenios, así como todos los nombramientos, y en el mismo tiene la última palabra el Rey. El segundo, lleva los asuntos corrientes, la “intendencia” como lo calificaba Hassan II. El futuro jefe de Gobierno solo podrá presidir el Consejo de Ministros cuando se lo imponga el rey, y lo hará en base a un orden del día fijado de antemano. En otras palabras, el Presidente del gobierno no tendrá ningún poder ejecutivo.
En cuanto al nombramiento del “Presidente del gobierno” dentro del partido más votado en las Elecciones, hay que saber que no tiene el mismo significado que en las democracias electivas. No son los electores los que deciden quién será su jefe de Gobierno, ni siquiera los partidos. La única condición constitucional es que la persona que el Rey va a designar para presidir el Gobierno pertenezca al partido mayoritario. Pero hay que recordar que tradicionalmente en Marruecos se encuentran personalidades afines al Palacio en todos los partidos políticos, algunos de ellos impuestos por voluntad real en sus instancias dirigentes. Con lo cual Mohamed VI tiene garantizado que no habrá sorpresas en el mandato gubernamental.
La nueva Constitución es la primera de la que se dota Mohamed VI. Su padre Hassan II redactó personalmente junto con juristas franceses la primera Constitución del reino en 1962, enmendada posteriormente hasta 8 veces, la última en septiembre de 1996. La Carta Magna de Mohamed VI introduce algunas reformas, más simbólicas que efectivas, cuyos textos de aplicación aún están por definir. Sin embargo en lo esencial mantiene el mismo cuerpo doctrinal de la Constitución vigente.
Mañana domingo pasará su primera prueba al verse confrontada con la calle. Los jóvenes mantienen su llamamiento a manifestarse. No se espera que acuda un gran número de gente, como tampoco lo hicieron en convocatorias anteriores a partir del 20 de febrero, fecha de la que lleva su nombre el Movimiento de protesta. Tampoco se espera que se produzcan enfrentamientos con las fuerzas de seguridad que se mantendrán a prudente distancia. Una repetición de la represión policial como la ocurrida los pasados 22 y 29 de mayo, significaría un golpe al crédito que está recibiendo Mohamed VI de los países aliados de Marruecos, Francia, España y Estados Unidos en particular, donde se abre camino la imagen de un monarca renovador.
Sin embargo no son pocos los que consideran que el proyecto de Constitución a medida elaborado por una Comisión designada a dedo por el monarca alauita, se parece más a un enroque real que a una revolución democrática. Mohamed VI ha decidido situarse en un segundo plano de la escena pública y dotarse de “fusibles” políticos que hagan frente a las inevitables manifestaciones de descontento que se prevé se produzcan en el reino. En caso de necesidad siempre podrá sacrificar al jefe de Gobierno, o a cualquiera de sus ministros.
El anterior monarca Hassan II llevaba esta estrategia con esmero. Nunca aparecía en primer plano como responsable directo. A lo largo de su extenso reinado de cuatro decenios, cada vez que se vio confrontado a una crisis, la hizo pagar al primer Ministro de turno, al titular de Interior o algún consejero real demasiado impetuoso. El rey siempre se mantenía detrás de la celosía. Mohamed VI parece seguir este camino.