Dos horas necesitó José Bono en recibir la aquiescencia de la Cámara Baja para lograr la presidencia de la novena legislatura.

Entre abinequeos y abaniqueos, resoplos, sudor frío, concentración, lectura y alguna que otra palmadita y saludo, el ex ministro de Defensa, a la sazón José Bono, pasó las primeras horas de la mañana orillado en la segunda fila del banquillo de los socialistas, justo detrás del ministro en funciones del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Tras una ronda de votaciones fallida (con sólo 168 votos a favor de 349), el castellano-manchego se alzaba con el tercer puesto institucional, sin el amparo de los nacionalistas (PNV y CiU), esta vez con con 170 votos a favor (152 en contra, 16 abstenciones y 12 votos en blanco).
Una mañana de encuentrosEl día de la constitución de las mesas se antojó tranquilo y dialogante. Este martes, el hemiciclo ubicado en la Carrera de San Jerónimo ha regalado imágenes insólitas, al menos olvidadas en la retina de muchos expertos y analistas.
La lectura ininterrumpida de los nombres de los diputados servía de música de fondo. En el hemiciclo mientras tanto, se daba cita la plana ministerial. En medio, sentados en una suerte de banquillo nominado, Magdalena Álvarez, Mercedes Cabrera, Jesús Caldera y Joan Clós. Más felices y solícitos se encontraban Pérez Rubalcaba, Carmen Chacón o Miguel Ángel Moratinos.
López Aguilar y Alfonso Guerra hacían corrillo a Zapatero, al que parecían dar consejos, en un día en el que el presidente del Gobierno no pronunció palabra. Mientras, gran parte de los electos se entregaban a la lectura de la prensa, al teléfono móvil y alguna que otra diputada, desde las filas socialistas, a degustar un chupa chups.
Llamazares aprovechó la mañana para reclamar una reforma electoral. Carmen Calvo (PSOE) y Rosa Díez (UpD) mantuvieron una charla, al tiempo que
un ubicuo Zaplana, conservando aún su antiguo espíritu negociador, conversaba con Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba, Carmen Chacón y Teresa Cunillera, entre otros diputados.
Dejando entrever posibles alianzas para la constitución de un nuevo grupo parlamentario, algunos nacionalistas hacían lo propio. Fue el caso de
Erkoreka y Joan Herrera. Entre tanto,
Miguel Ángel Moratinos (PSOE) y su homólogo del PP Jorge Moragas, se daban un abrazo y compartían segundos de diálogo.
Pero la primera votación rompía el sosiego de la mañana.
Bono obtenía sólo 168 votos, lo que obligaba a repetir la consulta para arribar en segundas nupcias a la presidencia, hasta alcanzar los dos tercios de la Cámara.
Así que,
nuevos minutos de intranquilidad, soledad, nervios y nuevos suspiros escondidos, hacían acto de presencia, interrumpidosn sólo por el saludo de Clementina Díez de Baldeón (PSOE), esposa de José María Barrera. En ese instante, el diputado socialista por Toledo, electo por Rodríguez Zapatero, cuando todavía Manuel Marín desempeñaba su cargo, se afanó en la lectura de papeles o en las respuestas a las llamadas del móvil.
Y vuelta a empezarUno por uno y por orden alfabético, los nuevos inquilinos de la Cámara iniciaban el ritual de la votación. Desfile en el que se distinguieron
la joven Leire Pajín –vestida de rosa palo-,
abrazada por Zapatero y,
el encuentro extra protocolario de los portavoces José Antonio Alonso y Soraya Sáenz de Santamaría, ante la atenta mirada de Ramón Jauregui.
A las doce de la mañana
José Bono recibía los parabienes de sus colegas. Un aplauso correcto y poco acalorado proveniente de la bancada socialista, confirmaba el nombre del nuevo presidente del Congreso de los Diputados.
Y éste respiró.Desde la tribuna, solemne en el porte y diplomático y en las palabras, Bono pronunciaba un discurso conciliador con las minorías y los nacionalismos, apasionado en el recuerdo de
Manuel Marín, Landelino Lavilla y Alfonso Guerra, a quien destacó por su
“pasada contribución en el alumbramiento de la democracia”.
En la calle, a las puertas del Palacio, una pléyade de reporteros y periodistas esperaban la salida de Bono, la estrella de una jornada en la que José Antonio Alonso y Soraya Sáenz de Santamaría fueron también protagonistas.
Pero el nuevo presidente del Congreso de los Diputados escogió el silencio. Minutos más tarde, el representante se dirigió hasta La Zarzuela para dar cuenta al Rey de su nombramiento.
Los nuevos popularesCayetana Álvarez de Toledo, Alfonso Alonso, Arturo García Tizón, Fátima Bañez, Jesús Merino, Celso García y Santiago Carrera, los siete últimos fichajes de Rajoy en el Congreso, marcharon felices de la Cámara. Su portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, apenas les había comunicado su elección como secretarios de su grupo en el Parlamento.
Los populares Ana Pastor, Jorge Fernández, Celia Villalobos e Ignacio Gil Lázaro acompañarán a Bono en la presidencia, donde finalmente el PP no ha cedido ningún puesto.Un Bono conciliador hace un guiño a los nacionalistasExtracto de parte de su discurso en la Cámara Baja tras la toma de posesión:
"En nombre de la Mesa agradezco la confianza a quienes escribiron mi nombre en su papeleta". A los que han votado por él ha dedicado sus primeras palabras del discurso que abre la legislatura en la Cámara Baja, a quienes ha dicho que "el mejor modo de presidir esta Cámara es cumplir con rigor su deber, y el deber es el de serlo con todos, atender con solicitud a todos por igual, a ser justos, especialmente con las minorías", ha expuesto en lo que ha significado un guiño a los nacionalistas.
"Asumo la representatividad del Congreso con respeto, con el respeto del que desconoce este oficio, sabiéndose un lego. Pido indulgencia a mis errores y ayuda en los primeros tiempos", ha pronunciado ante la Cámara. Posteriormente, Bono ha querido alabar la labor de sus antecesores, como es el caso de Manuel Marín, ex presidente del Congreso. "En este dia quiero recordar la obra de Manuel Marin, que tanto se ha esforzado, y a Landelino Lavilla, al que espero poder imitar". Asimismo, ha homenajeado con sus palabras al desaparecido Gabriel Cisneros.